RALLY SOLIDARIO EN EL MARRUECOS MÁS CASTIGADO

El periodista acompaña al empresario Miguel Riqueni y a sus 51 acompañantes a la aventura más solidaria por el desierto de Marruecos. Han recorrido 2.400 kilómetros entregando 6.400 toneladas de ropa y juguetes a los niños más pobres. Una experiencia única que siempre recordará Farah, una niña tetrapléjica de cinco años que ya tiene su silla de ruedas gracias a estos viajeros.

 

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Entregando bolígrafos y cuadernos a los niños de una escuela en medio del desierto.

Foto ©  Lucas de la Cal

 

Por Lucas de la Cal para GEA PHOTOWORDS

 

Los Bereberes dicen que el desierto es una mujer caprichosa que enloquece a los hombres. Una mujer que lleva 19 años enamorando a Miguel Riqueni,un empresario de 37 años, que cada Navidad y Semana Santa viaja desde Sevilla a lo más profundo del corazón del desierto de Marruecos para entregar juguetes a los niños más pobres. Este año le acompañaron 51 personas de toda España siguiendo la estela de la solidaridad y de vivir una experiencia única. En 16 coches todoterreno cargaron 6.400 toneladas de regalos para los niños en un rally que recorrió 2.400 kilómetros. En sus bolsas había muchos juguetes, medicamentos, pañales, una silla de ruedas para entregársela a una niña tetrapléjica, ropa y calzado para los críos y algún chubasquero. Porque en el sur de Marruecos ha llovido en diciembre lo que llueve en todo un año. Porque 47 personas han muerto por las inundaciones y más de 250 pueblos están aislados.

 

PRIMERA ETAPA: TANGER – ERFOUD

Los 16 coches ya están cargados de cajas llenas de juguetes. Tras cruzar en ferry el estrecho en Tarifa toca dejar atrás los turbios aires portuarios de Tánger, esa que antaño era una ciudad de vividores y espías de la que se dudó de si era la primera ciudad de África o la última de Europa. La expedición se dirige al desierto, al sur de Marruecos, que no aparece hasta bajar la barrera montañosa del Medio Atlas. Pero el sur no se deja alcanzar hasta que haya dado tiempo a intuir que aquí, como en tantos países musulmanes, ver no es ni por asomo tan importante como entender, y para entender es preciso ir bien surtido de tiempo y de voluntad para superar viejos recelos históricos que rayan en el miedo atávico al moro. A la cabeza de la caravana solidaria está Miguel Riqueni, un empresario “multiusos”. Tiene empresas de telecomunicaciones, de construcción, una editorial y hasta una página web de anuncios (sevende.es).

Miguel dice sentirse libre en el desierto. Lleva 19 años organizando rallys solidarios por Marruecos para que a los niños no les falte un juguete por navidad. “Esto es una afición, no me lucro con ello. Cobro a la gente los gastos mínimos del viaje. Me pagan los niños con sus sonrisas y miradas de agradecimiento”, dice este hombre que derrocha bondad y compromiso. Se conoce el desierto a la perfección debido a que desde los siete años lleva corriendo campeonatos de rally y hasta ha competido en el París-Dakar.

Después de seis horas de viaje, el sur por fin aparece. Es el momento en el que se ve el Marruecos hospitalario y el ambiente embrujador de sus medicinas, ciudades antiguas, sus zocos, aromas y su poderosa tradición. Todo al descubierto y sin tapujos. Buscando incluso la secular intimidad árabe de puertas para dentro cada vez que un extranjero es invitado a franquear la entrada de un hogar marroquí para disfrutar de un té o un cuscus en familia. Al atravesar cualquier poblado se aprecia como los ancianos echan la tarde con un té cargado de hierbabuena y fumando pipa de kif. Y los niños se lanzan a los coches de los turistas pidiendo chucherías y bolígrafos.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los marroquís de las zonas rurales es la falta de acceso a la educación. Un 20% de los niños no tiene acceso a ella. Por ello en la primera parada del rally se entregan cuadernos y lapiceros a los críos como Alif, de siete años, que vive con su madre y sus dos hermanas en una pequeña casa de barro sin puertas ni ventanas. Amara, 12 años, tampoco va a la escuela. Pero su primo mayor Nazem le ha enseñado a leer y escribir. Cuando recibe un estuche de lápices de colores la niña se emociona y agacha la cabeza en signo de agradecimiento.

Después de 11 horas de viaje, el rally solidario llega por la noche a la aldea sahariana de Arfoud, un pueblo fantasma durante el día, cuando el soplo abrasador del chargui encierra a cal y canto a sus gentes en las casas y solo al caer el sol salen para abrir sus mercados y cafés.

 

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La expedición solidaria repartiendo ropa en la aldea sahariana de Duar Drao.

Foto ©  Lucas de la Cal

 

SEGUNDA ETAPA: ERFOUD – MERZOUGA

Marruecos es un lugar de encuentros. Un lugar para apreciar la mirada pilla de los personajes surrealistas que el azar le va sirviendo en bandeja al viajero en el instante más inesperado. Uno de estos personajes es Omar, guía bereber. Es un hombre azul del desierto. O más conocido por el nombre turístico de Tuareg. Tiene 24 años y odia a los árabes. “Algún día los bereberes recuperaremos nuestro país. Estamos hartos de que los árabes nos discriminen y nos empobrezcan. Somos el 80% de la población y estamos preparados para luchar”, afirma el joven que se gana la vida haciendo rutas a turistas por las dunas y poblados del desierto marroquí. “Por cada grupo gano 80 euros. Con esto mantengo a mi familia que somos cuatro hermanos”, dice Omar. De esto también vive su compañero Hamid, aunque a él le gusta que le llamen Jaime. Un joven de 23 años que habla a la perfección seis idiomas pese a no haber ido nunca a la escuela. Lleva desde los cuatro años trabajando de guía en el desierto de Merzouga. No conoce otra cosa. Pero dice ser feliz.

Miguel, Omar y Hamid, acompañados de los 51 viajeros que les acompañan continúan su rally visitando las aldeas más pobres del desierto de Merzouga. Unas enormes dunas que pasan en segundos del rosa al dorado cuando el sol se va apagando y en su negrura queda únicamente prendido el brillo de las descomunales estrellas que iluminan las noches saharianas y algún modesto fuego beduino junto al que hacer noche.

En Duar Drao, una de las aldeas en la que se para el rally hay 134 niños en una pequeña y oscura escuela dando clases de matemáticas. El conductor del coche cinco, Paco Novel, un fotógrafo asturiano de 54 años, saca del maletero caramelos y piruletas para los niños. Diego Fernández, que tiene una empresa de parques eléctricos y Ana Teresa, profesora, son un matrimonio soriano que regalan a los críos camisetas y pantalones. También Iván Hernández, abogado que intentó sentar en el banquillo a Emilio Botín por el fraude a Hacienda con las cesiones de crédito , entrega muñecas a las chicas.

Continuando la ruta la expedición atraviesa con los coches las dunas. Un “parque de atracciones gratuito” se oye en las emisoras con las que van equipadas todos los vehículos. Gracias a estos aparatos y al humor de los viajeros de Andalucía y Toledo el viaje se hace más ameno, y las horas perdidas rescatando coches que se han quedado encajados en la arena resultan hasta graciosas.

A mitad de camino, en la frontera con Argelia, se vislumbran casas de barro de nómadas que viven de vender pan de horno a los turistas. En el segundo pueblo en el que para la expedición el primer niño que sale tiene tapada la cabeza con una estelada catalana y pide camisetas del Barça.

Al caer la noche, después de subir y bajar dunas, el rally llega a la aldea de Pozo Blanco, donde Miguel tiene que hacer una entrega especial. Hace unas semanas Farah, una niña tetrapléjica de nacimiento de cinco años sólo pidió una cosa en la carta a los Reyes Magos: una silla de ruedas. El deseo llegó a oídos de Miguel y consiguió una silla en Sevilla que ha ido llevando en lo alto del coche carga todo el camino junto a las cajas de regalos. Cuando Miguel llega al poblado, escoltado por Omar, Hamid y sus 51 acompañantes, entrega la silla al padre de la cría que se lo agradece con un fuerte apretón de manos y con lágrimas en los ojos.

Tras la emotiva entrega, el grupo se dirige al hotel donde va a pasar la noche en medio de las dunas. Pero se encuentra con un problema. No pueden aparcar los coches en el “parking” porque se ha inundado por las copiosas lluvias de diciembre. Pero al igual que la naturaleza te quita al momento, después te vuelve a compensar. Y gracias a las lluvias se ha formado un espectacular oasis con un lago inmenso en medio dando lugar a uno de los parajes más bonitos que el objetivo de una cámara pueda captar.

 

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Niños marroquís en la aldea de Duar Drao se amontonan esperando recibir juguetes y ropa.

Foto ©  Lucas de la Cal

 

TERCERA ETAPA: MERZOUGA

El rally solidario se adentra en las tribus más pobres donde casi nunca llegan ni los turistas. Dando la espalda a los 22 kilómetros de las dunas de Erg Chebbi,  Hala, y sus cinco hijos viven en una Haima. Tienen una cabra de la que cambian a una tribu vecina su leche por tomates. Pese a no tener nada, reciben a los visitantes con un enorme pan de horno y estos les corresponden vistiendo a los críos descalzos para que empiecen el 2015 con zapatillas nuevas.

Al caer la noche, y después de un baño bereber en el que cada miembro de la expedición fue bautizado con un nombre moro, es hora de celebrar un fin de año diferente. No se comen 12 uvas. Si no 12 dátiles. Y la fiesta la ameniza un dj contratado por Miguel que pincha una mezcla de músicas occidentales y locales, reflejando la multiculturalidad que rebosa radiante en la sala de baile. Ya sea por el emotivo festejo, o porque el alcohol traído desde España ha entrado copiosamente en el alma de cada uno de los presentes.

 

CUARTA ETAPA: MERZOUGA – ZAGORA

Después de la resaca de fin de año, toca hacer la ruta más dura del rally. La caravana solidaria atraviesa durante horas un camino de arena y de piedras que fue una de las rutas del París-Dakar. En la aldea de Tismounine vive Hassan. La mirada de este niño de 14 años se dispara de vez en cuando hacia España para hundirse mansamente de nuevo en la fantasía colectiva de ese paraíso europeo tan a la vista. Junto a los demás niños de la aldea hace cola junto a la caravana que lleva encima todas las cajas con regalos. “Cuando llegamos se emocionan creyendo que somos los Reyes Magos”, dice un orgulloso Miguel. Tiene una hija de cuatro años, Carlota, a la que cuando crezca intentará introducirla en este mundo mágico de la solidaridad.  “Quiero que vea que la gente es feliz sin necesitar muchas cosas materiales como estamos acostumbrados en España. El próximo años la traeré al rally”.

Tras dejar el poblado atrás, el grupo cruza un río seco. Allí la adrenalina de los conductores se dispara y cuando Javi Navarro intenta demostrar su destreza al volante, se queda con el coche involuntariamente hundido en el barro. Es entonces cuando se enciende la luz en la que emerge el compañerismo de los otros conductores y entre todos consiguen sacar del barro el coche atascado.

Después de la aventura llega el descanso. Una ansiada cama y agua caliente que el rally encuentra en un precioso hotel en la ciudad de Zagora.

 

QUINTA ETAPA: MARRAKECH

Al día siguiente el viaje termina en Marrakech. Pero antes hay que cruzar el formidable paisaje montañoso que brinda el Medio Atlas. Al llegar a la ciudad roja (nombre con el que se conoce a Marrakech por el color ocre rojizo de sus edificios) el primer sitio al que todo turista va a visitar es la Plaza de Djema el Fna. Declarada Patrimonio Oral de la Humanidad, ésa es la olla donde se recuecen los tenderetes de zumos, pinchos y caracoles. Y hay centenares de puestos de ropa y todo tipo de objetos que puedes adquirir, empleando el arte del regateo, por un puñado de dihams.

Al caer la noche los protagonistas del rally se despiden con una gran fiesta. Miguel les lleva a los locales más elitistas de la ciudad, donde el postureo y las prostitutas de lujo se amontonan en cada esquina de las discotecas.

Así termina esta aventura de 2.400 kilómetros a través del corazón del Marruecos más castigado. La próxima será en Semana Santa, donde Miguel Riqueni y sus nuevos acompañantes esperarán recibir la sonrisa del niño del desierto.

 

Lucas de la Cal Martín es colaborador de GEA PHOTOWORDS y del periódico El Mundo. Licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense, es experto en reporterismo social y diplomado en Educación Sexual y Prevención de ITS (Infecciones de transmisión sexual). 

 

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