REBUSCANDO ELDORADO

Cada vez son más los pueblos indígenas aislados en busca de contacto exterior. El acoso al que están sometidos por parte de las grandes compañías madereras, petroleras o del agronegocio es constante. La `rebusca´ de ELDORADO continúa en una especie de conquista que nunca acaba. Comunidades enteras se encuentran en peligro de extinción sobre todo en la frontera selvática entre Perú y Brasil. Allí no hay ley que valga. En los últimos meses los indios huyen de los blancos en oleadas. Los últimos informes de la ONG Survival así lo demuestran.

 

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Raya, anciano nahua.
Más de la mitad de su pueblo fue aniquilado tras la apertura de su tierra a la exploración petrolífera.
Foto ©  Johan Wildhagen / Survival
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Por Ana de Gracia para GEAPHOTOWORDS. 

 

La conquista de la tierra en su mayor parte no consiste más que en arrebatársela a aquellos que tienen una piel distinta o la nariz ligeramente más achatada que nosotros

Josep Conrad (El corazón de las tinieblas)

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Desde el comienzo de las colonizaciones procedentes del Viejo Mundo, allá por finales del siglo XV, nada fue fácil para muchos grupos humanos de nativos. Nunca comprendieron cómo el respeto al origen antropológico de una tierra se relegase de aquella manera para priorizar el beneficio materialista a base de la extirpación de los tesoros guardados fielmente por la naturaleza.

Al parecer aquel afecto de la Madre Tierra no pudo con la codiciosa ceguera de la época colonial promovida por los buscadores de fortunas y explotadores autoproclamados dueños y señores de la nueva tierra cuyo sino pretendió ser disputado entre los viejos lobos colonialistas.

Y así ha continuado en el tiempo. Aquellos lobos prosiguen en la actualidad aullando salvajemente, tratando de marcar terreno para alimentar sus hambrientos bolsillos expropiando las tierras de los indios con el fin de edificar sus haciendas y cultivos considerados mucho más productivos para las demandas del mercado actual que la conservación de una cultura indígena milenaria.

Comunidades nativas enteras ya han resultado exterminadas por completo. Y algunas de ellas corren un serio peligro de extinción.

Con motivo del genocidio que incluso en la actualidad viven muchos de estos pueblos se están produciendo contactos con indígenas aislados de Sudamérica, los cuales, huyen de los ataques perpetrados por los terratenientes en busca de nuevas tierras para propagar sus dominios. Así ha sido el caso de uno de los últimos contactos que se han producido con indígenas publicado por Survival. El pasado mes de septiembre una familia de indios korubos contactó con los indígenas kanamaris que dieron la voz de alarma. Queda por esclarecer las razones de este contacto aunque la sospecha se cierne sobre las presiones que esta familia ha podido sufrir de las oscuras componendas de los latifundistas tal y como ocurrió en el año 1996 cuando indios de esta comunidad fueron contactados por la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) tras el asesinato de varios nativos.

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LOS INDIOS HUYEN

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Y la lista sigue. Según Survival, recientemente, en este verano, varias oleadas de indígenas han llegado a Brasil desde la frontera con Perú para escapar de los ataques de los madereros y traficantes de droga. Estos hechos han dejado en entredicho la protección de las regiones nativas que Brasil y Perú prometieron el pasado mes de marzo mediante un acuerdo en el que marcaron el objetivo de coordinarse para la custodia y amparo de los márgenes indígenas.

Aún continúan existiendo comunidades totalmente aisladas en la frontera de Perú y Brasil. La cifra de indígenas en estas condiciones en el último país podría superar los 500. Los pueblos situados en la zona fronteriza se ven amenazados por los ataques de los traficantes de droga y madereros que invaden sus tierras para sus cultivos de cocaína. Droga que finalmente es transportada hasta la tierra prometida para ayudar a cumplir el famoso sueño americano de tantos a costa de la sangre y el abandono de unos pocos.

Muchos son los pueblos que a día de hoy su desaparición se presenta ya como una  nueva inminente. Es el caso de los akuntsus. Según la ONG Survival, los akuntsus constituyen uno de los pueblos indígenas que se encuentran a punto de exhalar su último suspiro. La luz de un pueblo poco a poco comienza a consumirse. Cinco son los supervivientes actuales de esta comunidad asentada en la parte occidental del país brasileño. En concreto en el estado de Rondônia. La región en la que se ubican paradójicamente ya ha sido demarcada por el gobierno de Brasil. No obstante las plantaciones de soja y demás tierras propiedad de los latifundistas aguardan la caída de este pueblo esperando su momento de gloria que servirá para alimentar el deseo del buitre insaciable de la industria productiva de los últimos tiempos.

Su primer contacto llegó en el año 1995. Por aquel entonces siete personas componían esta comunidad. Muy pocos fueron los supervivientes de aquellas tristes y despiadadas décadas de los 70 y 80 que acabaron con la mayor parte de la comunidad que fue exterminada mientras se sucedían las matanzas de estos indígenas por parte de los terratenientes y sus pistoleros contratados que poco a poco invadieron las tierras, destruyéndolas con excavadoras y enterrando todo bajo tierra para deshacerse de cualquier prueba. Una tragedia que se ha visto acallada debido al desconocimiento de su idioma.

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LA CONQUISTA CONTINÚA

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Los pueblos indígenas aislados y demás comunidades procedentes de las regiones fronterizas de Brasil y Perú son una minoría muy concreta, la cual, su estudio e investigación está suponiendo una ardua tarea debido al escaso conocimiento de su cultura. Brasil registra el mayor porcentaje de indígenas aislados según la FUNAI. Como los akuntsus, muchos de estos pueblos provienen de la línea genealógica de sus ancestrales ascendientes que tuvieron que escapar del asfixiante yugo de la explotación colonial que alcanzó su máximo esplendor a finales de la etapa decimonónica, momento en el cual el mundo entero experimentó una serie de cambios industriales y económicos que revolucionaron el panorama de la época, para continuar con su finalidad explotadora a lo largo del siglo XX.

Las colonizaciones europeas significaron el comienzo de la apertura de los nativos hacia el exterior lo que dio lugar a su vez a las primeras violaciones de los derechos fundamentales de los indios, algunas de las cuales, fueron registradas por los primeros observadores de la época que se desplazaron hasta las zonas subyugadas en las que gran parte de las comunidades indígenas se vieron obligadas a vivir en condiciones infrahumanas debido a los excesos de un tiempo movido por el anhelo invasor.

La fiebre por la conquista y la explotación de las nuevas tierras se convirtió en la máxima para muchos gobernantes y demás oportunistas que decidieron “hacer las Américas” aprovechando el tirón que supusieron estos descubrimientos.

Nombres clave como los de Roger Casement  y Joseph Conrad, unidos por la amistad en aquellos tiempos de lucha contra la ferocidad humana, se convirtieron en piezas angulares. Gobernantes como el execrable Leopoldo II que se encargó de sacar de las entrañas congolesas todo el caucho y marfil que pudo llevando a cabo una arbitraria intrusión en el país, por aquel tiempo colonia belga bautizada por el propio soberano sorprendentemente como Estado Libre del Congo. Se trató de una parcela de tierra particular, la cual, jamás visito y que en la práctica supuso ser una región mucho mayor que la propia Bélgica. Todos ellos quedaron impunes ante los ojos de la justicia hasta que llegaron los primeros informes de la época de denuncia y crítica social posterior.

A lo largo y ancho del mundo comunidades nativas durante siglos han pasado por la voraz explotación propiciada por el inicio y asentamiento del sistema económico actual. Los emergentes avances industriales y tecnológicos junto con sus consecuentes demandas convirtieron pronto a la cuenca amazónica en un objetivo estratégico para la industria gomera. Una industria de la que quisieron participar países de todo el mundo.

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GENOCIDIO

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Es el ejemplo de la empresa The Peruvian Amazon Company (la convertida Casa Arana) creada por el peruano Julio César Arana en 1907 y afincada en la ciudad londinense. Él mismo contribuyó a impulsar el genocidio de los indios de la región del Putumayo mientras se llevó a cabo el saqueo del caucho. Gracias a las denuncias del horror que imperaron en este pulmón del mundo la Oficina de Asuntos Exteriores británica resolvió enviar al cónsul Roger Casement, natural de Irlanda, al Putumayo para testificar la barbarie sufrida por los trabajadores de la empresa cauchera, los llamados barbadenses, los cuales sufrieron el dolor del látigo de la tiranía y el castigo mortal ante el incumplimiento de las exigentes cantidades de caucho requeridas por Arana y compañía.

Y parece que las reminiscencias de este pasado oscuro aún perduran en el presente para hacernos recordar las prioridades que finalmente consiguen torcer la balanza. Tan solo basta con observar a una de las más preciadas joyas del gobierno brasileño, la compañía energética Petrobras, generosamente situado entre los mejores puestos del ranking de las empresas petrolíferas del mundo más influyentes. El buque insignia del petróleo brasileño no quiso dejar pasar la oportunidad de sumarse a la exploración en su tierra natal iniciando de este modo recientemente su expedición en busca del ansiado hidrocarburo.

Pueblos indígenas se vieron amenazados por este proyecto del cual, por cierto, nunca fueron informados dejando una vez más que brillara por su limpia ausencia el cumplimiento legal de lo recogido en la Constitución Federal brasileña de 1988. Según la misma, los derechos de los indios han ser protegidos así como todo aquello que desde el comienzo de los tiempos se definió como su hábitat natural para salvaguardar una cultura milenaria que siempre supo convivir con la Madre Tierra.

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ANA DE GRACIA, es estudiante de Periodismo en la universidad Carlos III de Madrid. Actualmente vive en Sao Paulo, donde ultima sus estudios. Apasionada por el mundo de la corresponsalía, los viajes y los movimientos sociales, ha trabajado en radio durante tres años en la rama del periodismo cultural en España así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política.

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