RESPONSABILIDAD GLOBAL SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

La prosperidad de nuestro civilización hace años que empezó a entrar en conflicto con la propia vida de nuestro planeta. Desde que comenzó la Revolución Industrial, alimentada por los combustibles fósiles, las emisiones de gases de efecto invernadero se han disparado, consiguiendo alterar la composición de nuestra atmósfera y afectando a todas las formas de vida. Ya ha comenzado la cuenta atrás. De no alcanzar un consenso y un compromiso firme entre todas las naciones y empresas implicadas sus efectos a largo plazo serán irreversibles y nuestro futuro estremecedor.

 

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 El ártico se derrite. Groenlandia.

Foto ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

RESPONSABILIDAD GLOBAL SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

Por Ana Morales, miembro de  GEA PHOTOWORDS

 

El Acuerdo de París reunió por primera vez a todas las naciones en una causa común en base a sus responsabilidades históricas, presentes y futuras para llegar a acuerdos cruciales cuyo objetivo principal es mantener el aumento de la temperatura en este siglo muy por debajo de los 2 grados centígrados, e impulsar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura incluso por debajo de 1,5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales. Esto permitiría controlar los gases de efecto invernadero que han alcanzado niveles históricos. Recordemos que este efecto se produce cuando ciertos gases (carbono) retienen en la atmósfera parte de la energía del sol y la devuelven a la tierra.

En definitiva, se buscaba alcanzar un acuerdo histórico para combatir el cambio climático e impulsar medidas e inversiones para un futuro bajo en emisiones de carbono, resiliente y sostenible. Uno de los desafíos más serios y complejos a los que se enfrenta la humanidad. Un desafío al que no se puede hacer frente si no es de modo multilateral, universal y vinculantemente. Y parece ser que esto se ha conseguido. El 12 de diciembre es ya una fecha histórica.

Según palabras de Laurent Fabius, Presidente de la COP 21 y Ministro francés de exteriores “El Acuerdo de París permite a todas las delegaciones y grupos de países volver a casa con la cabeza alta. Nuestro esfuerzo colectivo es más valioso que la suma de nuestros esfuerzos individuales. Nuestra responsabilidad con la historia es inmensa”.

EL acuerdo estará en disposición de ser firmado durante un año a partir del 22 de abril de 2016, y entrará en vigor cuando 55 países que representen al menos el 55% de las emisiones mundiales hayan depositado sus instrumentos de ratificación.

 

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Las fuertes tormentas y el aumento del nivel del mar auguran un futuro incierto para los archipiélagos del planeta. Isla del Caribe.

Foto ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Las áreas de acuerdo

 

El Acuerdo de París recoge áreas cruciales esenciales para conseguir los objetivos:

Mitigación: este es el principal instrumento sobre el que se construye el acuerdo.

Son las llamadas contribuciones nacionales. 186 de los 195 países que negocian ya han presentado planes de reducción de sus emisiones lo suficientemente rápido como para lograr cumplir el objetivo de temperatura.

Adaptación: fortalecer la habilidad de los países para hacer frente a los impactos climáticos.

Pérdidas y daños: fortalecer la habilidad para recuperarse de los impactos climáticos.

Apoyo: apoyo financiero para que las naciones construyan futuros limpios y resilientes.

Vinculación: el acuerdo será vinculante. Lo que no serán legalmente vinculante son los objetivos de reducción de emisiones de cada país.

Un sistema de transparencia y de balance global en el que los países someterán sus planes climáticos actualizados determinadas a nivel nacional cada cinco años, con flexibilidad para los países que tienen capacidades diferentes.

Para lograr estos objetivos ambiciosos e importantes, se dotarán los flujos financieros necesarios que permitan una acción reforzada por parte de los países en desarrollo y los más vulnerables en línea con sus propios objetivos nacionales. El acuerdo fija que los países desarrollados deben contribuir a financiar la mitigación y la adaptación en los estados en desarrollo a través del apoyo y la cooperación internacional. Esto supondrá movilizar 100.000 millones al año desde 2020, así como su revisión al alza antes de 2025.

 

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Sacos de arena puestos para frenar la erosión y la pérdida de la línea de costa. Barrow,  Alaska.

Foto ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Las naciones en desarrollo

Este tema siempre ha generado desacuerdos, pues durante años ha habido una disputa entre países desarrollados y países en desarrollo (potencias emergentes como India o China) acerca de quienes deben hacer los sacrificios. Los países en desarrollo reclaman el derecho a seguir usando petróleo y carbón hasta que terminen con la pobreza, como ya hicieran los países desarrollados durante la revolución industrial. Consideran que los países desarrollados tienen una “responsabilidad histórica”, pues fueron ellos los que primero empezaron a contaminar. Sin embargo, actualmente son las economías emergentes las que producen entre 60% y 65% de los gases efecto invernadero.

El acuerdo de París es el primero que logra comprometer a todos los estados parte a tomar medidas contra el calentamiento global, previendo que haya cierta “flexibilidad” para los países en desarrollo que lo requieran.

 

Efectos ya visibles del cambio climático

Muchos de los efectos del cambio climático ya se están haciendo notar en todas las partes del planeta; veranos extremadamente cálidos, sequías, aumento del nivel de mares y océanos, catástrofes naturales sin precedentes, destrucción de ecosistemas y extinción de especies animales y vegetales, hambrunas, guerras, migraciones…la lista de efectos colaterales del calentamiento global es tan amplia como la queramos hacer.

La fusión del hielo de los glaciares, del hielo marino, y de la plataforma de hielo polar, es consecuencia del calentamiento de la tierra. Esta agua que hasta ahora estaba almacenada en estado sólido desemboca en mares y océanos, aumentando el nivel de las aguas y poniendo en riesgo de desaparecer ciudades próximas a la costa, incluso países como Vanuatu en el Pacífico, fuertemente amenazados por la subida del nivel de las aguas. Los científicos han especulado que si se derrite a este ritmo el hielo de la Antártida y Groenlandia el mar podría elevar su nivel en más de 20 metros de aquí a 2100.

 

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 El deshielo es una realidad que aumenta día a día en la Antártida.

Foto ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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En los últimos 30 años, la gravedad y cantidad de ciclones, huracanes y tormentas se han casi duplicado ya que cuando la temperatura de los océanos sube, las tormentas son más intensas. El agua caliente del océano alimenta la intensidad de las tormentas dando como resultado un mayor número de huracanes devastadores. La consecuencia de ello son las inundaciones, las pérdidas humanas y los daños materiales.

Las sequías serían el anverso de este problema. El calentamiento del planeta va acompañado de una disminución del agua dulce y las malas cosechas en la agricultura que están causando interrupciones en la producción mundial de alimentos y hambrunas.

Otra consecuencia directa del calentamiento global es el incremento de la desertificación y la deforestación, así como la destrucción de ecosistemas, lo que amenaza seriamente a multitud de especies animales y vegetales que podrían llegar a extinguirse y que no sólo son una amenaza para el planeta sino para el ser humano. A medida que el cambio en el clima afecta a la forma de vida, incluso los seres humanos deberán migrar – resultando en una mayor competencia y la guerra por la escasa cantidad de recursos.

Incremento de las enfermedades. Los cambios en las condiciones del hábitat se traducen en un aumento de las enfermedades en todo el mundo ya que las temperaturas al alza, sequías e inundaciones se combinan y crean las condiciones adecuadas para que plagas que son portadores de enfermedades prosperen. El auge de enfermedades como el cólera, virus del Nilo Occidental, o la fiebre del dengue es cada vez mayor y ya no se limitan a los climas tropicales. Los casos de asma siguen aumentando.

Muchos de los conflictos armados en todo el mundo se producen por el control de los recursos naturales que disminuyen día a día. Los expertos temen que la lucha por los mismos (principalmente el agua y los alimentos) se traducirá en guerras entre algunos países. Además las tensiones económicas por controlar las materias primas hacen que estas cada vez sean más costosas. La crisis mundial está dando lugar a un aumento en los costos de la energía y los alimentos.

 

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