ELÍAS ZALDÍVAR HACE UNA REVISIÓN HISTÓRICA DEL CONFLICTO ISRAEL-PALESTINA

Israel y Palestina reanudarán negociaciones el 2 de septiembre en Washington. El diálogo está interrumpido desde diciembre de 2008. A la desconfianza en Ramala ante la reanudación del diálogo, los dirigentes palestinos advierten: “Si hay nuevas construcciones en las colonias situadas en nuestras tierras, abandonaremos la mesa de negociaciones”.

Por ELÍAS ZALDÍVAR para GEA PHOTOWORDS

Sin ánimo de polemizar, quisiera hacer algunas aclaraciones a propósito de los comentarios de NACHO CARRETERO en este blog después de sus viajes y experiencias por los territorios palestinos -que ojalá pronto se conviertan en un estado independiente- e Israel.


Foto: pintada en Jerusalén   © ALFONS RODRÍGUEZ, miembro de GEA PHOTOWORDS

G

1. El Estado israelí fue proclamado el 14 de mayo de 1948 en Tel Aviv porque Jerusalén, a la sazón, se hallaba cercada por fuerzas árabes que lo impugnaban. Quiero decir que el Estado de Israel no fue “creado por la ONU”. El Plan de Partición de Palestina, al que alude Carretero, data del 27 de noviembre de 1947. Fue un espaldarazo para la comunidad judía y para los nacionalistas palestinos del país, a la sazón bajo gobierno británico, al proponer que cada una de esas comunidades en pugna establecieran un estado independiente. Los judíos de Palestina (para ellos la antigua Tierra de Israel, rebautizada Palestina por los romanos en el siglo IV) contaban años antes del Plan de Partición, y con vistas a su futura independencia, con una Confederación de Trabajadores (Histadrut), fundada en 1928; con una milicia de autodefensa mayoritaria, la Haganá, enfrentada con grupos de extremistas y minoritarios como el Irgún y el Leji; con un sistema sanitario, con la Universidad de Jerusalén, fundada en 1925 en presencia de Albert Einstein, y hasta con la orquesta Filarmónica, que debutó en un galpón de Tel Aviv, bajo la batuta de Arturo Toscanini, años antes de surgir el Estado israelí. Los palestinos, prácticamente a merced de los líderes del mundo árabe y sus rencillas internas entonces sólo combatían contra el dominio inglés y, simultáneamente, contra el establecimiento de un estado hebreo, no por su propia independencia nacional. Antes de entregar la Liga de las Naciones a Inglaterra el mandato o fideicomiso sobre Palestina, tras la debacle del Imperio Turco en Oriente Medio a raíz de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Palestina era una provincia del sur de Siria. El asunto de la independencia del pueblo árabe palestino fue puesto en el candelero recién en 1964 por el ingenieroYaser Arafat y otros cuatro compatriotas que fundaron la Organización para la Liberación de Palestina, OLP, a fin de sacudirse la tutela perniciosa de los líderes del mundo árabe. (Aún hoy el presidente de la Autoridad Palestina en Cisjordania, Mahmud Abas, consulta con la Liga Árabe antes de tomar decisiones cruciales). Aquella resolución para la “Partición de Palestina”, de carácter meramente declarativo – como todas las que adopta la Asamblea General de la ONU -, y que el mundo árabe en pleno rechazó en equel momento, equivale a lo que hoy la comunidad internacional aconseja como “la solución de los dos estados”, Israel y Palestina. Las únicas resoluciones de la ONU que tienen carácter obligatorio para estados miembro en situación de conflicto son las que adopta el Consejo de Seguridad, una suerte de “gobierno”.

2. En la narrativa de los nacionalistas palestinos que luchan por su independencia y por sacudirse el yugo de la ocupación israelí, los judíos -a diferencia de ellos- son una simple “comunidad religiosa”, no una nación con su mismo derecho a la autodeterminación nacional. De aquí la exigencia hoy del gobierno derechista de Netanyahu de que los palestinos reconozcan a Israel como el “Estado de la nación judía”, de donde no faltan los que deducen que es un “estado recista”. Arafat reconoció precisamente (en 1988) la legitimidad del Estado hebreo, pero no así Hamas, para cuyos militantes la “Tierra de Israel” es un “territorio sagrado del Islam” (y Arafat un traidor al reconocer la soberanía judía en parte de él (de aquí el agrio enfrentamiento de más de dos décadas de Hamas con la OLP y con el principal grupo de esa coalición, Al Fatah).

3. Carretero menciona en su escueta historia del sionismo (así llamado por el monte Sión de Jerusalén) que hubo propuestas en los congresos de ese movimiento, celebrados en el siglo XIX, cuando en Europa se convocaban como algo políticamente correcto Congresos Antisemitas para resolver “el problema judío” (léase las persecuciones, los pogroms, las matanzas). Una de aquellas propuestas era establecer un estado en…Uganda, entonces una colonia inglesa, si Londres les concediera un territorio allí, y otra la de montarlo en la despoblada Patagonia argentina…El único proyecto que prosperó, naturalmente, fue el de crearlo en la “la Tierra de Israel”, donde vivieron los profetas bíblicos y donde los judíos dispersos por el mundo desde hacía 2.000 años, observantes o no, tienen sus raíces… pero donde había otro pueblo, los árabes palestinos, políticamente a merced entonces de los países árabes, sin un liderato nacional propio y organizado. Entonces, los judíos eran los buenos de la película y fueron apoyados desde la Unión Soviética hasta los EEUU.

4. La larga guerra de la independencia de 1948 para los judíos estalló formalmente horas después de proclamar david Ben Gurión el Estado israelí con un ataque de la fuerza aérea egipcia. Para los palestinos, el surgimiento de Israel fue la Nakba (Desgracia o debacle) pues con esa guerra lanzada por varios países árabes contra el flamante estado de los judíos de Palestina nació el problema de los refugiados, expulsados por las fuerzas hebreas o que huyeron a raíz a raíz de los combates; los israelíes destruyeron unas 500 aldeas rurales árabes en la guerra. En 1949, tras el armisticio que puso fin a la contienda, trasladó Ben Gurión la capital israelí a Jerusalén occidental o “judía” bajo protesta del mundo árabe y de gran parte de la ONU. La parte oriental y los principales santuarios de la ciudad vieja, así como Cisjordania, quedaron bajo dominio del Reino de Jordania, y la franja de Gaza, bajo gobierno de Egipto, hasta la guerra de 1967 o de “los seis días”.

5. Esa primera guerra árabe-israelí con la participación de Egipto, Jordania, Siria, Irak, Líbano y Arabia Saudí, finalizó con un armisticio militar suscripto en la isla de Rodas, en 1949. Esa línea del armisticio (la “línea verde”) es lo que hoy se llama “las fronteras de 1967″, o sea las vigentes cuando estalló la guerra de 1967, cuando Israel conquistó la península egipcia de Sinaí y Gaza, la meseta siria del Golán (que se anexó en 1982), los territorios aún ocupados hoy de Cisjordania donde existen más de cien asentamientos judíos, y Jerusalén oriental y su zona de influencia en Cisjordania, de las que se anexó 70 kilómetros. En la guerra de 1967, Jordania, que lo había ganado en la de 1948, perdió el control de Cisjordania (Judea y Samaria bíblicas para los judíos y parte de la “Tierra Prometida” a los hebreos, según la Biblia en la argumentación de los colonos irredentistas) y Jerusalén oriental con sus santuarios, vedados durante 19 años a los judíos, musulmanes y a cristianos residentes en el Estado israelí. Jordania, en un comienzo llamada “Emirato de Abdalah” es un reino creado por Gran Bretaña en 1922 – mientras ejercía el fideicomiso que le otorgó la Liga de las Naciones- para recompensar a un antecesor del actual rey Abdalla II por su cooperación en la Primera Guerra Mundial contra los turcos en la península arábiga. El reino, con el cual israel hizo las paces en 1994, ocupa alrededor del 80 por ciento de lo que los palestinos consideran su “Palestina histórica”, aunque, de momento, es un territorio que no reivindican públicamente. Israel se replegó del Sinaí egipcio en 1982 por el acuerdo de paz de 1979 con el ex presidente Anuar Sadat, puesto por ello en el ostracismo por el mundo árabe y finalmente asesinado por extremistas islámicos, y unilateralmente se retiró de la franja de Gaza (330 Km2) en 2005, después evacuar el primer ministro Ariel Sharón por la fuerza a 7.000 colonos y desmantelar 21 asentamientos judíos.

6. Creo que sin conocer la trama histórica del aparentemente insoluble conflicto nacional entre judíos y árabes en Palestina o la Tierra de Israel (los colonos judíos suelen decir que “aquí los ocupantes y los extranjeros son los palestinos y los musulmanes, que llegaron varios siglos después que los judíos”), es difícil entender las palancas que lo mueven. Lo más fácil, claro, es caer en el periodismo de titulares que “venden”, lo que velozmente se convierte en mera propaganda en favor de uno u otro, en una información maniquea de “buenos” y “malos”, casi sin matices, siempre fuera de los contextos y sin explicar nada. Por ejemplo, no debemos dudar de la buena fe cuando Carretero, con justicia y justificado dolor, describe las penurias que sufren los obreros palestinos en los controles de seguridad para poder llegar a sus puestos de trabajo en los asentamientos judíos (que emplean a no menos de 22.000) o en territorio israelí, pero en ningún momento de su relato nos cuenta de las manifestaciones de violencia de la otra parte (en su día de luto nacional los israelíes recuerdan a más de 22.000 caídos en seis guerras y por choques con militantes palestinos, sin mencionar a los civiles muertos en atentados suicidas y otros) como para ver qué es lo que les aprieta en el zapato a los de la otra trinchera. Tampoco se explica el por qué de la obsesividad de los israelíes por la seguridad, incluidos esos con frecuencia inhumanos controles. De pronto, quien no está advertido, y el grueso de la opinión pública no lo está, uno puede quedar con la impresión de que los soldados israelíes se levantan a la mañana y salen a cazar o a matar civiles palestinos “porque está es su naturaleza”, o algo similar. Otro ejemplo: Olga Rodríguez, contando a lectores de su blog sobre el informe de la comisión de derechos humanos de la ONU, que presidió el juez Goldstone, después de despacharse con los crímenes de Israel, emplea la casi inocente frase para “equilibrar las cosas”, es decir, que “también atribuye (el informe) crímenes a Hamas”. Pero no cuenta que la lamentable y sangrienta “Operación plomo fundido” de las ff.aa. de Israel en Gaza siguió a ocho años de ataques desde Gaza contra civiles residentes en el sur de Israel, con morteros y cohetes Al Kasam. Como se trata de proyectiles sin ninguna precisión, e Israel “tiene armas atómicas”, pareciera ser que las armas palestinas son poco menos que inofensivas. Pero pueden caer en un edificio de viviendas, en una fábrica, en una escuela o sobre un autobús. Hay que vivir con ese temor; sólo por milagro o por falta de puntería el número de víctimas fue relativamente pequeño. ¡Sí, los palestinos bajo la ocupación israelí se lo pasan mucho peor que los israelíes, sin duda, pero tampoco los israelíes viven en un paraíso desde la misma fundación de su estado! Me pareció indicado hacer estos comentarios para ver lo fácil que es caer aun sin mala leche, sólo por desconocimiento, en la parcialidad informativa, y en las propagandas de una y otras parte. Y hacerlo adrede -que no faltan- es una conducta políticamente reaccionaria, fascista, seamos pro-israelíes o pro-palestinos a ultranza y sin ver la paja en el ojo de unos y otros. Creo que esta debiera ser la conducta de un profesional de la prensa, y tal vez también, ingenuamente, como seres humanos, intentar con la información a todas las bandas acercar a los enemigos en un conflicto tan complejo y emocional como el de Oriente Medio. Es cierto que también están quienes quisieran eternizarlo abusando del sufrimiento ajeno mientras puedan “ordeñarlo” obtener notoriedad pública y jugosos ingresos.

Elías Zaldívar (originalmente Elías Scherbakovsky, hijo de un judío de una aldea vecina de Pinsk que huyó a la edad de seis años de Rusia con unos tíos, uno de los cuales se había hecho con un carro de sal, que entonces valía lo que el oro, y les financió la travesía en un vapor a Buenos Aires) nació en Argentina en el año 1936. Desde hace casi medio siglo ejerce el periodismo. En Buenos Aires, como cronista cinematográfico y, desde 1977, con el seudónimo de Elías Zaldívar, como representante de la Agencia EFE en Jerusalén, y como corresponsal de las cadenas de televisión Univisión, CBS y Telemundo.

En 1972, en Jerusalén, publicó un volumen de relatos, El inventor de la mentira real y, en el año 2001, la editorial Milá de Buenos Aires dio a conocer la novela La Monalisa de Jerusalén, premiada en un certamen de la editorial Acervo Cultural de esa ciudad. Tiene en edición la novela El padre de los monos, y dos novelas sin publicar: «Los idealistas de la Patagonia» y «La trapecista ciega» (título provisional). Con excepción del primer título, las otras tres obras transcurren en Jerusalén y en Europa.

One Response to “ELÍAS ZALDÍVAR HACE UNA REVISIÓN HISTÓRICA DEL CONFLICTO ISRAEL-PALESTINA”

  1. Beatriz Oberländer
    19 septiembre, 2018 at 3:24 #

    Aunque no sea “nice”, debo decir que el autor es bastante aburrido, y repite hasta el infinito las mismas historias.

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