SALVADOR ALLENDE – MÁS ALLÁ DEL SUICIDIO

El pasado 11 de septiembre se cerraba uno de los capítulos más determinantes de la Historia del siglo XX. La Tercera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago de Chile determinaba el cierre de la investigación por la muerte del ex Presidente de la República, Salvador Allende. Lo hacía de forma unánime y rechazando iniciar nuevas indagatorias. Con este cierre de la investigación se confirmaba la hipótesis que siempre se dio desde el poder chileno y que es la que incorporó la Historia oficial. El presidente Allende se suicidó el once de septiembre de 1973 en el Palacio de La Moneda. Así se daba carpetazo al caso y se intentaban acallar todas las otras teorías que nunca dejaron de hacer ruido.

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Salvador Allende.

Ilustración GEA PHOTOWORDS

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Por Sergi Ribas para GEA PHOTOWORDS

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Este tema da para muchos artículos y puede desembocar en múltiples temas. Podríamos hablar sobre la innegable participación de Estados Unidos en el golpe de Estado. El entonces asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Richard Nixon, Henry Kissinger, lo tuvo muy claro cuando conoció en 1970 la victoria de Allende: “No veo por qué tenemos necesidad de estar parados y ver un país ir al comunismo por la irresponsabilidad de su propio pueblo”.

También podríamos hablar de qué llevo a este golpe y de la participación de los empresarios y los partidos de derecha en la ideación de éste. O de las consecuencias, que nos llevarían a los llamados Chicago Boys y al profesor Milton Friedman, quienes convertirían Chile en el banco de pruebas del más salvaje capitalismo y de la economía de libre mercado más radical; lo que sería llamado “el milagro de Chile”, aunque suene irónico. Se puede comentar lo bien que sentó la noticia al agonizante régimen franquista. Usen la fantástica hemeroteca que es Internet para buscar la portada del diario ABC del día 12 de septiembre del 1973. Y así un largo etc., como la proximidad de la familia Piñera (actual presidente) con el Gobierno Militar.

Pero lo que nos trae aquí es otro motivo. Es el de dejar constancia de que los relatos de sus seres más queridos reflejan una sincera seguridad al asegurar que su compañero fue asesinado y que la teoría del suicidio fue utilizada para no enfurecer más a las masas que estaban a favor del Presidente electo. O para demostrar la humanidad del régimen que estaba a punto de ocupar el poder y que dícese que le dio la opción de escapar de La Moneda antes de que ésta fuera incendiada.

Una humanidad y la lealtad que después quedaron definidas con sus actos. “Un solo fusilado puede desencadenar un escándalo mundial; para miles de desaparecidos siempre queda el beneficio de la duda” escribía Galeano. No porque exista una versión oficial tenemos que descartar otras, ya que es ahí donde correríamos el riesgo de dar vía libre a la manipulación de la información y de la Historia. Hay muchas opiniones que piensan que fue asesinado, que piensan lo contrario a lo oficial.

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LA INFORMACIÓN DE `GABO´

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Gabriel García Márquez es uno de los que se opone de manera acérrima a la versión oficial y lo cuenta bajo el título “La verdadera muerte de un Presidente”: “Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso del Palacio de La Moneda, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí […] Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. […] Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás”.

El escritor colombiano defiende que el presidente chileno hizo frente a los golpistas. “Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: “Traidor”, y lo hirió en la mano”. García Márquez cree que esa sería su sentencia de muerte, “Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil”.

Las pruebas de esta versión se apoyan en la foto de Juan Enrique Lira, del diario “El Mercurio”, que fue el único al que se la permitió retratar el cadáver y que se puede encontrar fácilmente en Internet, aunque su calidad no sea la mejor. “Estaba tan desfigurado, que a la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara”. Y concluye, “El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre”. Este relato lo podemos encontrar completo en el libro recopilatorio “Las crónicas de García Márquez”.

Otro autor que no quiso permanecer callado fue Pablo Neruda, coterráneo, gran amigo de Allende y a su vez rival por el liderazgo de la Unidad Popular para las elecciones del 70. Neruda era propuesto por el Partido Comunista y Allende por el Partido Socialista. Neruda murió pocos días después que su camarada. Su casa en Santiago fue saqueada por los golpistas y sus libros fueron incendiados. El autor de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” contaba en “Confieso que he vivido”: “Allende nunca fue un gran orador. Como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los detalles. […] Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva. Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación.”.

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SILENCIO CÓMPLICE

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Neruda demuestra así la admiración por el que era su amigo y compañero y por lo que había hecho durante su corto mandato. “Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. […] La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la Republica de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón, envuelto en humo y llamas.”.

Es con la poética que siempre definió al autor como se despide de Allende. “Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en si misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.”, concluye Neruda.

La historia de Allende es memorable, gloriosa, trágica y triste a la vez. Un hombre que creía en la vía pacífica para alcanzar el socialismo y se vio envuelto en un final violento y sanguinario. A quien se le pudo fotografiar en vida por última vez con un casco militar y con una metralleta en la mano. Antes tuvo tiempo de pronunciar su último discurso dirigido a los ciudadanos chilenos. Pocos adioses serán tan dignos como el suyo. Un discurso optimista y esperanzador que quedará grabado en la memoria de muchos, haciendo que andemos por las grandes alamedas con ansias de libertad y de una sociedad mejor.

En el discurso del 71 en el Estadio Nacional Allende proclamaba: “Sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás; que lo sepan: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera. Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: defenderé esta revolución chilena, y defenderé el Gobierno Popular porque es el mandato que el pueblo me ha entregado, no tengo otra alternativa, sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el Programa del pueblo”. El uruguayo Eduardo Galeano lo resume así: “En el año 1970, Salvador Allende ganó las elecciones y se consagró presidente de Chile. Y dijo: Voy a nacionalizar el cobre. Y dijo: Yo de aquí no salgo vivo. Y cumplió su palabra.”.

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Sergi Ribas es  licenciado en Sociología por la Universidad de Barcelona. Especializado en Medio Ambiente  y Sociedad, ha trabajado para  el Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible de la Generalitat de Catalunya y posteriormente ha tenido la oportunidad de viajar por el Cono Sur americano colaborando con diferentes ONG como la Fundación ambiental boliviana Gaia Pacha y la entidad chilena ¡Activo! Actualmente escribe en Ecodiari.cat

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