SER MUJER EN AFGANISTÁN

Una veintena de adolescentes afganas ha decidido desafiar las tradiciones de su país. Son las boxeadoras que vemos en las imágenes de Rafael Fabrés y que representarán a Afganistán en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero no son ellas las únicas que intentan romper con el convencionalismo y la sumisión que rigen la sociedad afgana. Decenas de asociaciones locales luchan en ese país por los derechos de las mujeres. Cristina Sánchez, redactora de Radio Nacional, ha hablado con Mónica Bernabé, periodista española residente en Kabul, que dirige desde hace 11 años la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) y que celebra -hoy y mañana en el CCCB de Barcelona- el seminario ‘Afganistán: Contradicciones de la retirada’.

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Entrenamiento en el Estadio Nacional de Ghazi.

FOTO  ©   Rafael Fabrés

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LAS BOXEADORAS AFGANAS
Por Rafael Fabrés para GEA PHOTOWORDS

 

Diez años después de la caída del régimen taliban, las mujeres continúan sometidas al machismo y a la intolerancia en Afganistán. Una veintena de adolescentes ha decidido desafiar las tradiciones de su país: son boxeadoras y representarán a su país en los juegos Olímpicos de Londres 2012.
Paradójicamente, entrenan en el estadio nacional de Ghazi, en la ciudad de Kabul. Aquí, no hace tanto tiempo, los talibanes ejecutaban públicamente a las mujeres condenadas por adulterio o prostitución.
Cuando a mediados de los noventa, los talibanes comandados por el Mulá Omar se hicieron con casi la totalidad del control del país, prohibieron a las mujeres la práctica de cualquier tipo de deporte, argumentando que se trataba de una violación de la Sharia, la ley islámica. Ese mismo año se negó a las mujeres el derecho a trabajar, para a continuación encerrarlas en esa cárcel azul llamada burka.
De nuevo hoy en día, y a pesar de los insultos y las amenazas de una sociedad que no ve con buenos ojos la práctica de el boxeo femenino, todas las chicas que entrenan en el equipo quieren cumplir su sueño de boxear en Londres, conseguir una medalla y ser un ejemplo de tesón y superación para sus compatriotas.
Sus entrenadores seleccionaran solo a una de ellas, pero todas saben que esta puede ser su única, y última oportunidad de participar en los Juegos Olímpicos.

Su sueño se desvanecerá con la retirada de las tropas internacionales de Afganistán.

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Entrenamiento en el Estadio Nacional de Ghazi.

FOTO  ©   Rafael Fabrés

 

ENTREVISTA A MÓNICA BERNABÉ
Por Cristina Sánchez para GEA PHOTOWORDS

 

Escucha un extracto de la entrevista a Mónica Bernabé.

 

Visité Afganistán en agosto de 2009 con motivo de la celebración de las elecciones presidenciales. En la capital, Kabul, pude comprobar lo que ya me habían contado otras personas que habían viajado a ese apasionante país: la hospitalidad de sus gentes. En pleno Ramadán, la familia de nuestro traductor nos invitó a romper el ayuno en su casa. Sentados en el suelo, mi compañero Luis y yo disfrutamos de una copiosa cena con la única compañía masculina. Tras insistir varias veces en que queríamos conocer a la madre, el marido dió su permiso para que su mujer se uniera a nosotros. Así descubrimos que daba clases en una escuela y que cada vez que le formulábamos una pregunta, buscaba la mirada de su esposo antes de contestar. Y es que, pese a que desde 2004 la constitución reconoce la igualdad de sexos, la afgana es una sociedad muy conservadora con unas tradiciones que, en ocasiones, suponen claras violaciones de los derechos de las mujeres. Lo sabe muy bien la periodista española Mónica Bernabé que desde 2010 preside ASDHA, Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán. Una organización dedicada a apoyar la lucha de la sociedad civil afgana a favor de los derechos de las mujeres. GEA PHOTOWORDS ha hablado con ella.

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Se han cumplido, ya, 10 años de la invasión. Y la liberación de la mujer afgana fué uno de los objetivos esgrimidos antes de la intervención militar. Recuerdo cómo las portadas de numerosas publicaciones y de los canales internacionales se llenaron de imágenes que mostraban a las afganas bajo el azul de sus burkas…

 

El burka no es el principal problema de la mujer afgana. Por poner un ejemplo, en Afganistán no es obligatorio registrar los matrimonios, lo que permite verdaderas aberraciones en cuanto a matrimonios infantiles. Además, es tradición que el hombre pague una dote y eso hace que las familias pobres vendan a la niña en cuanto tiene la primera menstruación.

En las últimas semanas, los medios de comunicación han vuelto a poner el acento en las mujeres afganas con casos como el de una joven obligada a casarse con su violador o el elevado número de mujeres que intentan suicidarse inmolándose para escapar de la violencia en el hogar. ¿Se trata de situaciones generalizadas?

 

No todas intentan inmolarse. Pero sí es una situación generalizada que todas las mujeres viven en una situación de presión social. En Afganistán se considera que la mujer es propiedad del hombre. De su padre o de su hermano cuando no se ha casado y de su marido cuando contrae matrimonio. Además, las dotes suelen ser muy elevadas. Pueden llegar a los 3.000 euros en un país en el que el sueldo de un funcionario son unos 60 euros. Eso supone que cuando el hombre consigue reunir esa suma para pagar por la mujer, considera que es suya porque ha pagado por ella y esto es algo aceptado socialmente. La mayoría de hombres ve la realidad de esa manera. Mujeres educadas, mujeres analfabetas, todas están atrapadas dentro de ese convencionalismo social. Aunque, eso sí, solo es posible un cambio a partir de la evolución, no vendrá de la noche a la mañana.

Hablando de cambios, ¿No se ha producido ninguno en los últimos diez años?

 

La situación ha mejorado en muchos aspectos. Desde el acceso a la eduación o el hecho de que las mujeres puedan trabajar. En las grandes ciudades del norte del país puedes encontrar a muchas mujeres trabajando. Otra mejora es que existe un gran número de asociaciones de mujeres afganas que están luchando por introducir cambios en la sociedad. Afghan Women Network es una red de 60 asociaciones que actúa como grupo de presión para introducir cambios tanto a nivel político como social. Todo este panorama actual sería impensable durante la época de los talibán.

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Entrenamiento en el Estadio Nacional de Ghazi.

FOTO  ©   Rafael Fabrés

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Y la llamada comunidad internacional, ¿cómo está contribuyendo en temas de género?

 

Hay que recordar que hay tropas de más de 40 países desplegadas en el país y que se está invirtiendo muchísimo dinero en Afganistán. El problema es que cuando miras la balanza del «esfuerzo internacional» que se está realizando y la repercusión que eso está teniendo en la situación de las mujeres, ves que está totalmente descompensada. Porque en realidad no existe un compromiso real por parte de la comunidad internacional para mejorar la situación de las mujeres. Se podría hacer presión simplemente condicionando la ayuda económica a que se respete el derecho de las mujeres.

Uno de los temores que existen tiene que ver con una posible negociación con los talibán. Que se hipotequen los derechos de las mujeres en pos de la seguridad.

 

Sí. Es una de las grandes preocupaciones de las asociaciones de mujeres que están trabajando por sus derechos: qué ocurrirá ante un posible pacto con los talibán. Parece que la comunidad internacional no tiene a las mujeres como principal preocupación de su agenta.

Hace ya casi 11 años que vives en Afganistán y que nació ASDHA. ¿En qué proyectos estáis trabajando actualmente?

 

Estamos trabajando con dos colectivos. El primero, mujeres en la cárcel. La mayoría de mujeres que está en prisión en Afganistán están acusadas de los denominados delitos morales: desde haber escapado de casa por no querer casarse con el hombre que su familia había escogido para ella, pasando por el adulterio o la prostitución. Las asistimos con ayuda básica humanitaria pero también con asistencia legal y apoyo psicológico. El otro colectivo es el de mujeres víctimas de guerra. Actualmente en Afganitán, los antiguos señores de la guerra que destrozaron el país a principios de los años 90 ocupan cargos de poder en el gobierno y en el parlamento. Ha surgido un pequeño movimiento, muy incipiente y reducido, pero no por ello menos importante de mujeres que piden un cambio. Yo las compararía, salvando las distancias, con las madres de la Plaza de Mayo. Mujeres que piden que se haga justicia. Estamos apoyando como grupo de presión y facilitando apoyo económico y psicológico.

Los proyectos de ASDHA los implementan asociaciones de mujeres locales. ¿Cómo es trabajar con ellas?

 

Te sorprende mucho la fortaleza que tienen a pesar de vivir en un país totalmente opresivo para las mujeres, en el que ya tener un trabajo fuera de casa está mal visto. Te impresionan las ganas de estas mujeres. A veces cuando a mí me dicen que trabajar con las mujeres en Afganistán, vista la situación, no tiene mucho sentido porque es difícil que haya un cambio, a mí me parece muy injusto. Porque ¿cómo vamos a tirar nosotras la toalla si ellas, que viven allí y tienen que afrontar esa situación cada día, no la tiran?. Hay que reconocer el trabajo que hacen estas asociaciones y los cambios que han habido. Cuando se dice que nada ha cambiado se hace un flaco favor y se minimiza el trabajo que están realizando, de lobby y de presión.

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Cristina Sánchez es periodista especializada en temas sociales en RNE. Es directora y presentadora de ‘Países en Conflicto’ que se emite cada martes en Radio 5 (Radio Nacional de España).

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Rafael S. Fabrés es de Madrid. Comienza a su relación profesional con la fotografía en 2006 en el norte de India trabajando para una ONG de Kolkata. Actualmente reside en Haití desde donde colabora con Getty Images y Deutsche Presse Agentur. Publica en Time, GEO Magazine, The Daily Beast, Wild Magazine, Rolling Stone, The Record, Media Planning Group entre otros medios. Recientemente estuvo un par de meses en Afganistán coincidiendo con el décimo aniversario de los atentados del 11 de Septiembre en Estados Unidos. Las fotos de la mujeres boxeadoras son de ese viaje.

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