STOP DESAHUCIOS

Desahucia que algo queda. Con la crisis, se han multiplicado los casos de familias que se han visto en la calle por no poder pagar la hipoteca de su piso. Hasta hace poco, los mismos bancos que los financiaban los valoraban por mucho menos del valor que ellos mismos habían impuesto. El resultado es que los propietarios se quedaban sin su casa y, encima, resultaban deudores de las entidades financieras. Afortunadamente, una reciente ley de Gobierno intenta poner fin a este exceso. Pero detrás de cada desahucio hay una drama humano de difícil solución.
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FOTO  © Hanna Jerzabek

 

STOP DESAHUCIOS
Por Hanna Jarzabek para GEA PHOTOWORDS
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En las últimas décadas, con altos precios de alquiler, para mucha gente comprar una casa no solo resultaba más lógico y barato sino que también ofrecía una de las rentabilidades más altas como inversión, suponía una buena opción de ahorro y prometía una situación más segura de cara a la vida y la jubilación. En paralelo, el mercado hipotecario buscaba nuevas formas de rendimientos. Los bancos y expertos inmobiliarios exploraron el potencial de prestamos arriesgados y abrieron la puerta a muchos de los prestarios más pobres.

La burbuja inmobiliaria y la caída del precio de la vivienda, ambos resultado del desarrollo inmoderado del sector inmobiliario y de construcción, hizo aparecer los primeros afectados por los impagos de hipotecas, fenómeno que se ha extendido rápidamente. Además, debido a la ley hipotecaria en vigor en España, perder la casa no significa el fin de problemas. Al poder adquirir la vivienda afectada por la ejecución hipotecaria por tan solo 50% (últimamente 60%) de su valor de tasación, los bancos imponen a los desahuciados el resto de la deuda pendiente, añadiendo abultados gastos judiciales de todo el proceso. En caso de insolvencia, dichas deudas pasan a recaer en sus avalistas, lo que extiende aun más el impacto de la crisis hipotecaria en la población.

 

 Santiago, uno de los afectados, esperando su desalojo en Les Roquetes, Barcelona.

FOTO  © Hanna Jerzabek

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Elisa y su marido Ify, decidieron comprar un piso de segunda mano. Pidieron un préstamo más grande, para incluir también el coste de renovaciones que necesitaban realizar en casa. En este momento ambos trabajaban: Elisa, como administrativa en la Generalitat, e Ify, en su propia empresa de transportes. El banco exigió avalistas y hizo firmar a Elisa y sus padres dos contratos en cuales tenían que avalarse mutualmente.

Con la crisis, Elisa perdió su trabajo y, casi al mismo tiempo, quebró la empresa de su marido. El  banco rechazo cualquier tipo de negociación y entonces Elisa se puso en contacto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en Barcelona. Gracias a su apoyo, Elisa logró parar tres
desahucios. El día del cuarto desahucio, tres furgonetas de mossos cortaron la calle y bloquearon los accesos al piso de Elisa. Llegaron dos horas antes de la hora prevista para el desalojo. A los pocos miembros de la PAH que trataban de resistir, los mossos les respondieron con sus porras.

Tres días después de la expulsión, sin tener otra solución, Elisa e Ify volvieron a su antiguo piso y se quedaron como ocupas. Deben al banco 200.000 euros – deuda que va recaer sobre sus padres, poniéndoles, en su turno, en riesgo de ejecución hipotecaria y de desalojo.

 

Tchioma (hija de Elisa) la noche de  segunda tentativa de desalojo, Montcada i Reixac.

FOTO  © Hanna Jerzabek

El caso de Elisa es solo uno de los ejemplos. Por supuesto se puede hablar de la responsabilidad de cada uno a la hora de firmar su hipoteca, de famoso ya concepto “hay que pagar por vivir encima de sus posibilidades”. Demostrar si se debería hablar de la responsabilidad o más bien de una estafa, requiero más sito.

Lo importante es de darse cuenta que rechazando la dación en pago, tanto los bancos que los políticos siguen condenando las familias afectadas de por
vidas, aumentando de está manera el impacto de la crisis en toda la sociedad.

Después de muchos meses de esfuerzos, el pasado 23 de abril la PAH consigo lanzar una iniciativa popular para imponer la dación en pago. El texto requiere también que se transforme el parque hipotecario en parque público de alquiler social y que se deje a las familias expulsadas en sus pisos, en sistema de alquiler, ya que para muchos afectados, la ocupación queda como única opción tras el desahucio.

 Una de las vecinas manifestando con la PAH contra un desahucio, Badalona.

FOTO  © Hanna Jerzabek

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Con deudas de al menos 100.000 euros, y muchas veces en el paro, no pueden ni siguiera pensar en alquilar algún otro apartamento. Aquellos que tienen hijos, corren además el riesgo de que se les retire su custodia si siguen en la calle.

Más informaciones sobre la PAH aquí.

Informaciones sobre la iniciativa en este enlace.

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Hanna Jarzabek. Nació en Polonia (1976). De 1996 al 2008 vivió en Suiza, donde terminó su Máster en Ciencias Políticas y tomó clases de laboratorio en Blanco & Negro en la Escuela de Arte de Ginebra. Completó sus conocimientos mediante la formación en un laboratorio profesional de fotografía artística en Ginebra. Empezó su carera profesional como analista-politólogo para algunas agencias de la ONU en investigaciones relacionados con los refugiados palestinos. En 2007 decidió dedicarse plenamente a la fotografía. Establecida desde 2008 en Barcelona trabaja como freelance, publicando sus reportajes en revistas como Nouvel Observateur, Alternatives Economiques, Polityka y Zazpika, entre otros.

Visita su página web.

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