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`NOROC MAROC´

`Noroc Maroc´, del fotógrafo italiano Emanuele Nutile, es un trabajo realizado sobre un grupo de cinco gitanos rumanos asentados en Barcelona desde hace más de cinco años. Atrás han dejado experiencias bastante duras. El autor convivió con ellos en diferentes etapas durante ocho meses compartiendo con ellos sus miserias, cultura y valores. Una vida nada fácil para un colectivo sobre el que pesan enormes prejuicios en toda Europa. Al final, la lección es siempre la misma: detrás de esos personajes que nos asustan cuando golpean las ventanillas de nuestros coches existe un lado humano y sensible que no podemos olvidar.

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La figura de Jesús aparece en varios sitios en todo el campamento.

FOTO  ©   Emanuele Nutile

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Por Emanuele Nutile para GEA PHOTOWORDS

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Vienen todos de Rumania: Craiova, Severin y algún otro pueblo tocando el mar Negro. Han trabajado como jornaleros en los campos de cultivo de media Europa: Rumanía, Hungría, Francia, Italia, Grecia, España, Alemania e incluso Inglaterra. Llegados en España, soñaban con ahorrar y volver a su país a comenzar una nueva vida, pero la pérdida de su documentación y la laberíntica burocracia española e internacional les obligaron a construirse sus propias chabolas en los arrabales de Barcelona.

En los ocho meses que he compartido la vida con ellos, han tenido que trasladarse innumerables veces, con todo lo que esto conlleva (buscar ubicación, traslado y la construcción). Los he acompañado en la búsqueda de un nuevo «hogar» cruzando la periferia de Barcelona una y otra vez. Nos encontramos con muchos inmigrantes que viven en las mismas condiciones y me ha maravillado cuanta generosidad tienen entre ellos, ya que pesar de no poseer nada, comparten lo poco que tienen con toda la gente que haga falta.

Cuando los acompaño a la venta de chatarra, puedo apreciar en la cola acentos muy diferentes: africano, ruso, polaco, serbo o rumano, al cual le pongo particular atención ya que me suena bastante familiar. En el momento de poner el material que han recogido sobre la balanza, se puede ver una luz en sus ojos que aumenta proporcionalmente a los kilos de cobre, aluminio o latón que pueden vender y al mismo tiempo ya están imaginando que podrán comprar a la vuelta al campamento, para compartir con los otros. Aunque, en muchas ocasiones, sea como el «cuento de la lechera»…

La comunicación entre nosotros es algo complicada ya que en el grupo tienen solo un móvil, que ocasionalmente alguna tienda le deja recargar. Por esto muchas veces nos perdimos de vista durante días o incluso semanas. Más de una vez, me presentaba al campamento con mi cámara fotográfica, y algo de comer, llevándome la sorpresa de encontrar el sitio desalojado y sin ningún rastro de ellos, volviendo a casa con la duda de si les volvería a ver. Sigue leyendo →