TRES PALABRAS MORTÍFERAS EN INDIA: `ES UNA NIÑA´

Mientras la opinión pública se horrorizaba ante la vulneración de los derechos humanos, sociales y civiles de las mujeres en muchas partes del mundo como en Sudán donde ir vestida de manera poco `decente´ puede acarrear penas de prisión o 40 latigazos públicos, la represión brutal de los talibanes en Afganistán o la extendida práctica de la mutilación genital femenina en muchas partes de África, por poner tan sólo algún ejemplo, pasaba de puntillas y en silencio por delante de los ojos del mundo, el mayor génerocidio de la historia: 62 millones de mujeres asesinadas, muchas incluso antes de nacer. Son las mujeres `desaparecidas´ de la India. En 20 años, habrá sido exterminada sistemáticamente una quinta parte de la población femenina del subcontinente asiático.

 

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Sarita Skanges.

Foto cedida por su familia.

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TRES PALABRAS MORTÍFERAS EN INDIA: `ES UNA NIÑA´

Por Mercedes Iñiguez Quintela para GEA PHOTOWORDS

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Los datos del último censo arrojan que la India tiene el peor sex ratio infantil desde su independencia. Cada año 600.000 niñas indias no llegan a nacer por culpa de los abortos selectivos. La presión de la dote es la causa principal, pero cada vez más mujeres se dan cuenta de la discriminación y los sufrimientos que padecen en sus vidas y prefieren no traer niñas al mundo. La India es el cuarto país más peligroso para las mujeres y el peor para las niñas: las que sí llegan a nacer, padecen negligencias en su alimentación, en su educación y en su trato. Tanto, que es el país con una mayor mortalidad de niñas entre 1 y 5 años..

“Como mis padres no tenían un hijo, me intercambiado por un chico. Adoptaron a mi primo como a su propio hijo y se trasladaron a Escandinavia dejándome atrás en la casa de mi tía en la que fui tratada casi como una esclava. Nadie me adoptó como su hija y mi nacimiento ni tan siquiera fue registrado. No me acuerdo cuando me cambiaron exactamente, a los 2 o 3 años, creo, pero recuerdo muy bien cuando tenía tan sólo 4 años, y debía lavar la casa, los platos, cuidar de los animales y traer el agua. También me acuerdo de cómo mi tía me golpeaba si no hacía las cosas bien”, explica Sarita Skagnes.

Skagnes es hoy una escritora, profesora y activista social, pero no fue una lucha fácil. Sarita nació en un pequeño pueblo en el norte de la India, en el Punjab, en una cultura que rechaza el nacimiento de una niña y venera al hijo varón. Ella nació en una familia que ya tenía dos hijas. Su padre intentó primero matarla y luego la intercambió por un niño.

El primero en hablar de las mujeres “desaparecidas” fue el Nobel Amartya Sen que lo utilizó por primera vez en 1986, para llamar la atención sobre la gran divergencia en la proporción de género de la India. Cuando la media natural de hombres en relación a la proporción femenina en la mayoría de la población en el mundo es de aproximadamente 100:105, Sen, extrapolando datos del censo, calculó que faltaban unos 37 millones de mujeres. Casi 30 años después, la ONU calcula que el número ha aumentado a 62 millones y continúa creciendo. En la India, la ratio de sexo global se ha reducido a 916 niñas por cada 1.000 niños.

La Campaña 50 Millones Desaparecidas es una campaña online que pretende poner fin a este génerocidio. Denuncian y enuncian los cinco métodos más usados para hacer desaparecer a las niñas y mujeres indias: los feticidios, los infanticidios femeninos, el asesinato por motivos de dote, la negligencia nutricional y médica a la que se someten a millones de niñas y la alta mortalidad maternal.

Los abortos fetales femeninos son la primera causa que provoca esta “desaparición”. Desde 50 Millones Desaparecidas estiman que 1 millón de fetos femeninos son eliminados de forma selectiva en la India cada año y calculan que ese número aumentará a 2,5 millones en los próximos años.

En las clínicas privadas no sólo es mucho más barato abortar, sino que alientan activamente a los padres a hacerlo en el caso de que estén esperando una niña. Un slogan publicitario en los medios indios incitaba “paga 5.000 rupias hoy mismo y ahorra 50.000 rupias en los pagos de la dote mañana.” Los padres que querían un hijo varón, pero no querían ir tan lejos como matar a sus hijas, elegían el aborto como método menos “invasivo o cruel”.

De hecho, llegó a ser incluso más barato que eso. Una prueba de ultrasonidos puede costar unas 70 rupias (apenas 5 euros) y un aborto 500 rupias (34 euros). Frente a la presión de algunos grupos de mujeres, el gobierno indio prohibió todas las técnicas de diagnóstico pre-natal en 1994. Pero las actitudes se mantuvieron. Algunos médicos evadieron la ley, incluso mediante el uso de códigos; por ejemplo, si el informe de la ecografía era escrito en tinta azul, era un niño y si era en tinta roja, una niña. O si el informe era entregado el lunes, un niño y si era un viernes, una niña. El aborto por razón de género no es legal en India, sin embargo, según UNICEF, 7.000 niñas son abortadas cada día en la India.

“Presenté mi primera denuncia ante la policía durante el embarazo en 2005”, Mitu Khurana ha sido la primera mujer india que ha presentado cargos criminales contra su marido – un cirujano – su suegra, su cuñado y dos miembros del personal del hospital. Alega que, cuando ella estaba embarazada de gemelas, fue intoxicada deliberadamente con comida a la que ella era alérgica. Se negó a que se le realizase una prueba de sexo ilegal, pero se la sometió igualmente sin su consentimiento. El caso se encuentra actualmente en los tribunales. Debido a su batalla por la justicia ha recibido amenazas de violación y asesinato y el secuestro de sus hijas.

“Toda mujer que se acerca a la estación de policía a denunciar se le pide que ceda y vuelva con su marido”, relata Mitu. La policía no está dispuesta a registrar el caso. Ella se encontró con un destino similar. Un mediador llegó al extremo de decirle que “debía volver con mi marido y mis suegros y que mis padres podían acudir al sistema legal cuando me matasen”.

Khurana, médico en Delhi, se enfrenta a un entorno cultural y social demasiado hostil. Está considerada como una criminal por arrastrar a su marido y familia política a los tribunales por algo tan simple como querer tener un hijo. Según muchos jueces y otras autoridades, todo el mundo quiere un hijo. Así es ella quien está acosando a su esposo y suegros. Mi suegra-reconoce Muti- me respondió que mi crimen no era estar embarazada con dos hijas, sino negarme a abortar”.

 

Saritas English book cover

Portada del libro `Just a Daughter.

 Foto ©   Marc Kiska

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“Las cosas tienen que cambiar a todos los niveles. Ya no es una lucha personal, porque ahora estoy luchando contra un sistema, que no quiere hijas, que no respeta a las mujeres, que no piensa en la justicia, debido a la actitud patriarcal de la sociedad y a la corrupción “, añade Khurana.

Siempre se ha creído que la práctica del feticidio es más frecuente entre los pobres y los analfabetos, a causa de la espiral de las exigencias provocadas por la dote. Sin embargo, un estudio reciente de la ONU revela que es más frecuente entre las clases ricas y adineradas.

El infanticidio femenino es una práctica que tiene una larga historia en la India. Hasta ahora no ha habido media nacional estimada para el infanticidio de niñas, en gran parte porque no existe ninguna obligación administrativa de que los ciudadanos registren los nacimientos. Sin embargo, los datos existentes dan una indicación de la magnitud de la práctica.

El asesinato por la dote es otro terrible método. A pesar de que la mayoría de los homicidios relacionados con la dote de las jóvenes casadas en la India ni siquiera se presentaron ante la policía, a finales de 1990 se estimaba que al menos 25.000 mujeres jóvenes casadas fueron asesinadas a sangre fría por parte de sus esposos. Ese número ha seguido aumentando, ya que según 50 Millones Desaparecidas, la práctica de la dote en sí, se está extendiendo a las comunidades, al igual que a los grupos tribales, que tradicionalmente y hasta la fecha nunca habían tenido esta costumbre.

De hecho, según la Oficina Nacional de Registro de Delitos (NCRB), una novia fue asesinada cada hora en 2010 por “exigencias” de dote. “Ha habido un aumento en el modo de vida materialista en toda la India y las demandas de dote han llegado a convertirse en la más extravagante, en línea con estas necesidades materialistas”, admite la directora de la Comisión de Mujeres de Delhi, Barkha Singh que también puntualiza que ha habido casos en los que inicialmente la familia del novio rechazaba la dote y tras la boda, cuando la esposa ya no podía dar marcha atrás, “empezaban a maltratarla para conseguir dinero”.

Otra causa de la desaparición de mujeres es la tasa de mortalidad, anormalmente alta para las niñas menores de 5 años. En 2007, UNICEF informó de en niñas menores de cinco años era de 40 por ciento más alto que para los varones de la misma edad. La mayoría de estas niñas están muriendo por negligencia médica y nutricional. La negligencia es a menudo deliberada, ya que los padres no sólo son selectivos a la hora de repartir los alimentos entre sus hijos e hijas, sino que a menudo, no quieren pagar a los médicos por el tratamiento de una hija enferma, que en la mayoría de los países constituye homicidio por negligencia.

Y la otra es la mortalidad materna. En 2007, India representó la tasa más alta de mortalidad materna en el mundo, con una mujer moribunda por causas relacionadas con el embarazo cada cinco minutos. Las consecuencias de una inadecuada atención médica y embarazos precoces en niñas.

India hoy en día cuenta con leyes para contrarrestar el feticidio femenino, la dote y las muertes por dote. Sin embargo, la misoginia que promueve la cosificación de las mujeres, tratándolas como objetos usables y desechables, tiene raíces culturales e históricas profundamente arraigadas en la sociedad.

Este simbolismo de la cultura india que pone a las mujeres en un pedestal es muy real. Los dos libros clásicos por antonomasia y muy presentes en el saber popular, el Ramayana y el Mahabharata, refuerzan el mensaje subyacente de que la tradición exige que las niñas sean educadas para ser buenas hijas y esposas obedientes, no personas. Su papel se reduce a seguir siendo honorable hasta que ella pueda casarse, procrear hijos y llevar la casa. En efecto, al poner a las mujeres en un pedestal, las colocan en una trampa en la que tienen que vivir constantemente cumpliendo con las expectativas de los demás.

La enorme cantidad de negación en la sociedad acerca de la escala de este génerocidio, también entre los sectores educados y profesionales; el absoluto desprecio por todas las leyes que ya existen para la protección de las niñas y las mujeres; la pasividad e inoperancia de la policía y el hecho de que la selección del sexo sea una industria rampante multimillonaria son los principales obstáculos para poner freno a esta aniquilación femenina. La mujer se convierte en un peón de recursos en un patriarcado, donde se puede comprar, vender o incluso matar sin consecuencias.

Sarita no cree que su historia sea tan especial en comparación con muchas otras niñas en el mundo. “Pero, cuando mi hermana pequeña, Guddi se puso en contacto conmigo después de diez años, las cosas cambiaron. Ella estaba entonces en un hospital psiquiátrico luchando contra la depresión. Me habló de su infancia triste y luego de su terrible matrimonio con el hombre que nuestro padre encontró para ella. Es por eso que decidí escribir un libro, Just a Daughter, no sólo por mi historia o la historia de mis hermanas, pero debido a que muchas mujeres todavía sufren en silencio. Guddi ya no está viva, la gente cree que fue un suicidio porque ya lo había intentado antes y no se tomó la medicación que le salvaba la vida. Este libro se lo he dedicado a ella. Me decía tristemente, mi marido y mis suegros me ordenaron que les diese un hijo y yo les di sólo una hija”.

Pero una sociedad sin mujeres, aunque sea en el segundo país más poblado del mundo, está condenada a la extinción. El impacto social de tal desequilibrio no tiene precedentes en la historia humana.

A pesar de todo, Sarita Skagnes es optimista “tenemos que educar a las mujeres y a los hombres de la generación que viene. El cambio cultural es lento, pero debe comenzar ahora para que la próxima generación de niñas tenga mejores oportunidades. ¡Es muy importante! las familias tienen que enseñar a sus hijos a tratar y respetar a las mujeres. Deben comenzar a respetar a sus propias mujeres: madres, hermanas, esposas, hijas. Entonces, respetarán automáticamente a todas las mujeres del mundo”.

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Mercedes Iñiguez Quintela, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Master en Periodismo por la Universidad de Barcelona y Columbia University de Nueva York. Ha vivido y trabajado durante 15 años en el extranjero y ha colaborado para medios como Il Sole 24 Ore, The Guardian, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya, entre otros. En los últimos tiempos se ha especializado en temáticas de igualdad de género y derechos humanos.

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