UNA CUMBRE CARBONIZADA

La emisión de dióxido de carbono a la atmósfera ha convertido la Cumbre de Durban en un ring ambiental. Los países han defendido férreamente sus intereses y nadie ha cedido un ápice. La brecha entre los emergentes y los más ricos se ensancha. Un acuerdo para prorrogar el Protocolo de Kyoto, con una hoja de ruta no vinculante para los países más contaminantes,  ha sido el único resultado.  Y no será efectiva hasta ¡2020! ¿Podemos esperar tanto?
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Ulan Bator, Mongolia.

FOTO  ©  Sara Janini, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Patricia García para GEA PHOTOWORDS

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Durban ha sido una lucha de poder entre países: en un lado del ring, los emergentes China e India, y en el opuesto, la Unión Europea con Estados Unidos. La representante india, Jayanthi Natarajan, ha lanzado un duro “gancho” defendiendo su derecho a crecer emitiendo más dióxido de carbono: “¿La pobreza es el mayor contaminador y el desarrollo es el mayor sanador?”. Su pretensión no deja de ser una ironía en una cumbre sobre el cambio climático.

La hoja de ruta que se ha perfilado constituye un acercamiento a un protocolo de reducción de emisiones en el que estarían integrados los países más contaminantes. Ese acuerdo se empezará a negociar el año que viene y se prevé que esté listo en 2015, para entrar en vigor desde ¡2020! Actualmente, la única parte vinculante afecta sólo a la Unión Europea, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Australia, un grupo que en conjunto representa sólo un quince por ciento de las emisiones mundiales.

La presidenta de la Cumbre, la surafricana Maite Nkoana-Mashabane, ha afirmado que la renovación ofrece “un proceso legal para todos” y da la oportunidad de “aumentar la ambición en el futuro”. No obstante, si nos ceñimos a un estudio del Instituto Ambiental de Estocolmo, el recorte de las emisiones de los países emergentes es superior al ofrecido por los países industrializados. Estados Unidos ha propuesto una reducción del cuatro por ciento en 2020 respecto a 1990, mientras que la Unión Europea ha prometido un veinte por ciento.

¿Qué instrumentos se están aplicando para incentivar a gobiernos y empresas a cooperar en la protección medioambiental? Uno de ellos, nexo entre países en desarrollo e industrializados, es el denominado Mecanismo de Defensa Limpio (MDL) que permite a los primeros obtener unas Reducciones Certificadas de Emisiones (RCE) de gases de efecto invernadero que pueden vender en el sistema internacional de comercio de derechos de emisión.

El MDL es una “buena práctica” amparada en el Protocolo de Kyoto que está demostrado ser imperfecta: hay plantas de carbón ubicadas en países emergentes que están siendo financiadas gracias al MDL. Eva Filzmoser, responsable de la ONG CDMWatch, ha explicado en la Cumbre de Durban que el MDL “necesita un cambio radical de metodología”. Filzmoser afirma que “hay unos 45 proyectos pedidos en China e India que conseguirían unos 450 millones de toneladas de créditos de carbono”, lo que se supondría una considerable emisión de este gas a la atmósfera. China ha salido al paso anunciando inmediatamente su compromiso de reducir a nivel provincial las emisiones de carbono en un 17 por ciento para 2015.

¿Qué argumentan los defensores del MDL? La secretaria general de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Christiana Figueres, apoya el uso de este instrumento: “El MDL es una historia exitosa del Protocolo de Kyoto. Ha incentivado inversiones en proyectos en países en desarrollo que contribuyen al desarrollo sostenible en 72 naciones”. El presidente del comité ejecutivo del MDL, Martin Hession, apoya este punto de vista: “somos el segundo mercado del CO2 que mueve unos 140.000 millones de dólares y ha emitido derechos por unos 780 millones de toneladas de CO2 con 3.700 proyectos en 72 países. Hemos creado el concepto de que el dióxido de carbono tiene un precio y demostrado que se pueden reducir las emisiones de forma barata”.

 

Un paso adelante y un camino largo

 

En el año 1992 se dio el primer paso en dirección a una política global, en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro. Allí la gran mayoría de los países adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Los países industrializados se comprometieron a implementar medidas voluntarias para la limitación de emisiones de gases invernadero. Al no ser efectivas, los compromisos de carácter obligatorio llegaron con el Protocolo de Kyoto, único tratado vigente sobre reducción de emisiones que fue suscrito en 1997, ratificado por 156 países y rechazado por dos de los principales contaminantes del mundo, Estados Unidos y Australia.

¿Existe una solución eficiente que contribuya a reducir la contaminación de nuestro planeta? La protección del clima es una tarea global. Es obvio que el mayor compromiso lo deben adoptar los países responsables de más de la mitad del total de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera: Estados Unidos, China e India. Ellos han contribuido en mayor medida al calentamiento global en términos per cápita. Por desgracia, este proyecto de futuro acuerdo sigue sin ser vinculante para ellos.

El “pacto” de Durban representa un paso importante hacia delante, pero el camino será largo y estará lleno de negociaciones hasta 2015. La próxima cita en la que se decidirá la fecha exacta de inicio del segundo periodo de compromiso y se empezará a definir el marco legal del futuro acuerdo será la Cumbre para el Clima de Qatar.

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Patricia García García es periodista, licenciada en Economía y en Administración y Dirección de Empresas. También es cofundadora del blog de medio ambiente ‘Cuidemos el planeta Tierra‘.

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