UNESCO – PROTEGE QUE ALGO QUEDA

Muchos lugares naturales declarados Patrimonio de la Humanidad o Reservas de la Biosfera  por la UNESCO están gravemente amenazados por proyectos industriales. Las selvas tropicales, los océanos y los polos se han convertido en el “granero” energético del mundo. Sin embargo, hay indicios de que algo puede cambiar. Recientemente, la multinacional petrolera francesa Total adquirio un compromiso de no realizar explotaciones en los lugares bajo la protección de Naciones Unidas. Por eso, denunciar los peligros que corren estos lugares ayuda a mantener vivo el debate logrando así mayor atención de la UNESCO y su mayor y más comprometida reacción. En este artículo hacemos un rápido repaso a algunas reservas naturales que habría que proteger mejor.

 

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Tanzania.

Foto © Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS.

 

Por Guadalupe Rodríguez para GEA PHOTOWORDS

 

El pasado 3 de febrero, la UNESCO emitió un comunicado en el que celebraba el creciente compromiso de algunas multinacionales petroleras para dejar de explotar petróleo en lugares declarados como Patrimonio Mundial y Natural de la Humanidad (1). El organismo de Naciones Unidas se refería concretamente a la reciente decisión en ese sentido de la empresa francesa Total, considerando el gesto como “un signo alentador para la conservación del patrimonio mundial”.

Sin embargo, este tipo de compromisos siguen siendo excepciones dentro de un panorama desolador, sobre todo, para los grandes bosques tropicales del mundo. Uno de los mandatos de la UNESCO consiste en prestar una particular atención a las nuevas amenazas globales que pueden afectar al patrimonio natural y cultural. En este contexto, su prioridad es velar por la conservación, aunque no parece contar con instrumentos para la protección suficiente de las declaradas reservas de biosfera y sus habitantes.

¿A qué otros lugares debe la UNESCO dirigir su atención urgentemente? Los que siguen son tan sólo cuatro ejemplos.

 

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 Volcán Cotopaxi, Ecuador.

Foto © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

ECUADOR: dejar el petróleo bajo tierra en el Yasuni

 

El Parque Yasuní es Parque Nacional desde 1979 y Reserva de la Biosfera declarado por la Unesco desde 1989 (2). Además, en 1999 una parte del Parque fue declarada como “Zona Intangible” que fue delimitada posteriormente en el año 2006. Ubicado en la Amazonía ecuatoriana, provincias Orellana y Pastaza, es una de las regiones de mayor diversidad biológica del mundo.

Tras adoptar un plan gestado en el corazón de la sociedad civil y de organizaciones ecologistas ecuatorianas, el gobierno de Ecuador pedía desde 2008 al mundo una compensación de 3.600 millones de dólares a cambio de dejar el petróleo bajo tierra y que una parte del Yasuní quedara ‘intocado’. Cualquier gobierno, institución o persona podía ayudar a reunir esta cantidad de dinero en un período de 12 años. La Iniciativa Yasuní fue vista como única en el mundo, vanguardista, visionaria, innovadora. Este dinero compensaría al estado ecuatoriano por la pérdida que suponía dejar de explotar el petróleo de uno de los bloques petroleros del Parque Nacional Yasuní -un 10% de su superficie total del parque, llamado Ishpingo-Tambococha-Tiputini o ITT.

En agosto 2013, el presidente ecuatoriano Rafael Correa declaró fracasado este proyecto e informó su intención de explotar 920 millones de barriles de petróleo en el campo ITT. Desde Ecuador denuncian ecologistas que la explotación petrolera ya avanzaba desde meses previos. Implica esta decisión la inevitable destrucción de esta parte de la selva, su contaminación y la emisión de 407 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Esta es enormemente destructiva y peligrosa tanto para la selva como para las comunidades humanas que habitan el área, incluidos los pueblos indígenas no contactados tagaeri y taromenane.

La extracción de crudo pesado en el corazón de la selva amazónica significa su contaminación por los inevitables continuos derrames. Es claro que será así, ya que los otros dos bloques petroleros dentro del Parque Nacional Yasuní y muchos otros en el resto de la Amazonía ya están siendo explotados. Yasuní es la última esperanza, un símbolo de la posibilidad de no explotar un recurso y renunciar a beneficios económicos en aras de la protección de la naturaleza. Ahora en peligro de destrucción.

 

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Tanzania.

Foto © Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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TANZANIA: detener la extracción de uranio en Selous

 

UNESCO nombró la Reserva de Selous en Tanzania Patrimonio de la Humanidad en 1982 y la describe (3) como un“inmenso santuario de 50.000 km2, poco alterado por la presencia del hombre, donde vive un gran número de elefantes, rinocerontes negros, onzas, jirafas, hipopótamos y cocodrilos. El parque comprende zonas de vegetación muy variadas, desde matorrales densos hasta praderas boscosas abiertas”. Selous cuenta con la mayor población de perros salvajes africanos (Licaon pictus) en grave peligro de extinción y la mayor población de elefantes de toda Africa Oriental.

En la Reserva de Selous avanza a pasos agigantados el plan de extraer uranio (4). Las consecuencias para las poblaciones humanas y para las especies animales de la región no serán sólo regionales, sino globales. Toda la biodiversidad y naturaleza de Selous quedan expuestas a las estimadas 60 millones de toneladas de desechos radiactivos y venenosos que producirá la mina durante los 10 años que durará el proyecto y que aumentarán a 139 millones de toneladas si la mina se prolonga. No existe un método para evitar que los desechos de la minería de uranio contaminen las aguas superficiales y los acuíferos, y que no se expandan al interior de la reserva con los vientos. Esta actividad ha causado impactos devastadores sobre la naturaleza y la salud allá donde se ha llevado a cabo.

Para que el área de la mina de uranio quedara fuera de la reserva, el Comité de Patrimonio de la UNESCO aprobó increíblemente en 2012 un cambio de límites de 200 km2 en la reserva. Es sin embargo no sólo un grave atentado ambiental, sino también un preocupante precedente, ya que una vez sentado podría afectar de modo similar a otros lugares listados como Patrimonio de la Humanidad. Selous ni siquiera se encuentra entre los lugares listados como Patrimonio en peligro.

En años previos, UNESCO había declarado que la minería de uranio era “incompatible con el estatus de patrimonio de la humanidad” (5). La mina de uranio está prevista justo en medio del corredor migratorio de los elefantes entre Mozambique y Tanzania. Hay que destacar, que cuando el actual presidente asumió su mandato había todavía 75.000 elefantes, número que actualmente se encuentra drásticamente reducido a 13.000, y muestra de manera contundente la necesidad de conservación de las áreas naturales de Tanzania.

 

Algas - Pondohan - Sibutu - Islas Sulu

Recogedores de algas en Pondohan, Sibutu, Filipinas.

Foto © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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FILIPINAS: parar una mina de níquel en Palawan

 

También hay proyectos mineros aunque de níquel en Palawan. Palawan es el tercer grupo de islas en tamaño de las Filipinas y un punto caliente de biodiversidad, declarado en 1990 Reserva de Biosfera (6). Paraje natural extremadamente diverso de bosques tropicales, tierras montañosas, manglares y arrecifes de coral alberga 49 especies de animales y 56 de plantas que se encuentran en la lista roja de la IUCN como amenazadas de extinción. En 1992 se implementó a mayores un Plan Ambiental coordinado por la UNESCO para impulsar el desarrollo sostenible, respetando la naturaleza y modo de vida de la población. Se señalaban núcleos totalmente protegidos y se establecían limitaciones en otras regiones. Proteger las tierras y la cultura ancestral, así como la diversidad de flora y fauna de la explotación y la destrucción es un objetivo prioritario.

Pero la presencia de empresas mineras ya ha ocasionado destrozos incluso en los puntos más protegidos. “La complicidad entre políticos y empresas amenaza la Reserva de Biosfera de Palawan”, denuncia la organización indígena ALDAW. Los llamamientos de la sociedad civil al  presidente Noynoy Aquino para detener la minería en los últimos bosques tropicales filipinos han sido ignorados hasta la fecha. Y esto con conocimiento de la UNESCO que no ha ejercido presión suficiente para impedirlo. Mientras, las compañías mineras avanzan más y más con sus proyectos y con la construcción de carreteras dentro de los bosques altamente biodiversos y reservas de agua. Deforestación, contaminación, erosión del suelo y corrimientos de tierra son algunas de las consecuencias más inmediatas.

Actualmente, una muy grave amenaza adicional se cierne sobre estas selvas vírgenes. Se trata de la expansión de los cultivos de palma aceitera, un cultivo que provee de aceite vegetal para la producción de la industria alimentaria global y de biocombustibles. En Filipinas, la palma aceitera se extiende ya sobre 50 mil has. Según el Plan Nacional de Desarrollo, pronto podrían ser 304 mil has más con el supuesto fin de combatir la pobreza. Desde el punto de vista de los políticos, estas tierras estarían “deshabitadas” y serían “improductivas” y “baldías”. Lo que el gobierno no menciona es que esas tierras pertenecen a pequeños campesinos e indígenas que cultivan alimentos como arroz y legumbres, y recolectan frutas, plantas medicinales y materiales para la construcción de sus viviendas. Y que estos indígenas han logrado conservar la biodiversidad única con su modo de vida sencillo y cercano a la naturaleza.

En algunos municipios de Palawan, las plantaciones de palma ya están compitiendo y llevándose por delante áreas cultivadas destinadas al autocomsumo de las comunidades indígenas y rurales.

 

Cartagena de Indias

Islas del Rosario, Colombia.

Foto © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

COLOMBIA: Impedir la carretera del Darién

 

Entre Colombia y Panamá se encuentra la excepcional abundancia biológica de plantas, aves, anfibios y mariposas de la importante eco-región de Bosques Húmedos Chocó-Darién. Allí la selva recibe desde hace más de medio siglo el nombre de Tapón del Darién. A ambos lados de la frontera colombo-panameña hay parques nacionales, Darién del lado panameño y Los Katíos del lado colombiano, con estatus de protección como Reserva de la Biosfera y Patrimonio Natural de la Humanidad respectivamente desde 1983 y 1994 (7). Ambos cuentan pues con una diversidad biológica excepcional y varias especies animales en peligro de extinción y una variedad de paisajes y ecosistemas que nada tiene que envidiar el uno al otro lado de la frontera y viceversa. Fue su importancia en el intercambio de fauna y flora entre Centro y Sudamérica uno de los principales motivos de interés para su protección por parte de la UNESCO.

Una de las mayores amenazas que planean sobre la selva tropical es el proyecto concebido hace décadas para conectar las Américas por carretera. Si bien como hemos dicho el Tapón del Darién no es ya tal, y son muchos los tráficos que atraviesan las selvas otrora impenetrables, los planes de construcción de mayores infraestructuras para la zona no convienen ni benefician a todos de igual modo. Los pueblos indígenas, afrocolombianos y mestizos que habitan la empobrecida región sobreviven como pueden mientras traficantes de drogas, de madera tropical y de personas indocumentadas en dirección a los Estados Unidos se pasean por el área a sus anchas. Mientras, ministerios de planificación e infraestructura de la región, altos funcionarios de los bancos multilaterales, empresarios, financieros, firmas de ingeniería, proveedores de maquinaria, equipos y servicios  llevan años planificando cómo repartirse el jugoso pastel que supone la construcción de infraestructuras en la región.

Además de la carretera, se habla de interconexión eléctrica y otros proyectos que se enmarcarían en la Iniciativa de Integración de la Infraestructura de Sudamérica IIRSA y el Plan Mesoamérica (anteriormente Plan Puebla Panamá). El argumento de que una moderna carretera acabará con el variopinto tráfico ilegal dista mucho de la realidad por venir. Por muchas normativas ambientales que se prometa cumplir, todos en la región saben que la conexión definitiva mediante una carretera de mayores dimensiones será el principio del fin de las selvas del lugar. En una palabra, el “progreso”. La voluntad política necesaria para una verdadera conservación y para acabar con la pobreza que azota la región brilla por su ausencia.

 

Para saber más:

 

- Instrumento Normativo de la UNESCO, Convención del Patrimonio Mundial (1972)

- Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO

 

Guadalupe Rodríguez es licenciada en filosofía, pero se dedica en cuerpo y alma al activismo y la investigación para la organización Salva la Selva. Ha trabajado en Argentina, Ecuador, Alemania y el estado español. Sus análisis y denuncias de la destrucción ambiental y violaciones de derechos fundamentales en el Sur global y que se publican semanalmente en la web de la organización Salva la Selva y medios de comunicación alternativos..

 

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