URUGUAY QUIERE LEGALIZAR LA MARIHUANA

José Mújica, presidente de Uruguay desde 2010, no es precisamente un hombre corriente. El ex líder guerrillero Tupamaro de 77 años, que sobrevivió a seis balazos y a 12 años de encierro, vive en una casa humilde, dona el 90% de su salario a obras sociales, no usa móvil ni tarjetas de crédito y es habitual verle arando sus tierras con un tractor. Además ahora, en contra de la opinión de la ONU, prepara un Proyecto de Ley que, de ser aprobado, autorizará al Estado Uruguayo a controlar la producción y distribución de cannabis, con el fin de acabar con el narcotráfico de esta sustancia.

 

Pintada a favor de la despenalización del cannabis en un cuartel militar. Montevideo.

FOTO ©  Adrián Domínguez

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Por Adrián Domínguez para GEA PHOTOWORDS

 

Tuca, leño, bareta, hierba, mota, chafa, monte, faso, caño, bate, cacho, maconha, maría, ganja, oma, marihuana… Desde julio del año pasado José “Pepe” Mújica, presidente de Uruguay, no pretende unificar un término que identifique a las plantas del género cannabis, más bien aspira a disociar ese sonoro binomio que grita ¡Marihuana-ilegal!.

Mújica, prepara un proyecto de ley que autoriza al Estado a asumir el control y la regularización de actividades de importación, exportación, plantación, cultivo, cosecha, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y distribución de cannabis o sus derivados. Permitirá poseer hasta 40 gramos de marihuana mensuales a consumidores registrados, seis plantas a cultivadores individuales y 90 plantas a clubes de consumidores. Actualmente el consumo de marihuana no está penado en Uruguay, aunque si su comercialización, la Junta Nacional de Drogas estima en un 20% los uruguayos de entre 15 y 65 años han consumido marihuana alguna vez en su vida.

 

ELIMINAR EL NARCOTRÁFICO

 

El principal alegato del presidente uruguayo es la lucha contra el narcotráfico, “el peor flagelo para América latina”, afirma. Aunque bien es cierto que 150.000 consumidores atraen a cualquier mercado en los tiempos que corren, y en Uruguay se estima un tráfico negro de marihuana que maneja 75 millones de dólares anuales. Un ilícito negocio que favorece la corrupción, el lavado de activos, la delincuencia, la inseguridad… “Hay que alejar a los consumidores de los jibaros que venden drogas duras”, defiende Mújica a sus ciudadanos, “aumentar las penas contra traficantes, policías corruptos o vendedores”, alude como medidas en esta batalla directa contra los cárteles de la droga. Se requerirá de un registro para poder acceder a los cultivos estatales (se estima una producción de 45.000 kilos anuales), se administraran dosis limitadas y se controlarán con una huella química para evitar que sean revendidas. El precio incluirá impuestos que se destinarán a financiar políticas preventivas y de rehabilitación, el Estado ofrecerá tratamientos médicos y acompañamiento psicológico para los adictos.

Ricardo Vargas, sociólogo colombiano del Transnational Institute, estima que “Mújica se está anticipando a un escenario que en diez años puede ser generalizado, queriendo controlar la cadena completa: la producción, la distribución y la venta, algo que hasta ahora no se había hecho”. Algunos gobiernos vecinos y la mismísima ONU se oponen con rotundidad a esta medida que “generaría distorsiones en la región y supondría la violación de convenciones internacionales”. Incluso en el propio partido uruguayo gobernante, el Frente Amplio, hay oposiciones y, por si fuera poco, en una primera encuesta en el país se estima que el 64% de la población está en contra del proyecto.

 

UN PRESIDENTE POBRE

 

En el Rincón del Cerro, un paraje rural a 20 minutos de Montevideo, hay una pequeña finca, con una casa humilde, que no se diferencia del vecindario. Esa es la chacra de Pepe Mújica, el exlíder guerrillero Tupamaro de 77 años, que sobrevivió a seis balazos y 12 años de encierro en una celda de un metro cuadrado, hasta llegar en 2010 a la presidencia de Uruguay. Dona el 90% de su salario de 12.500 dólares a cooperativas y obras sociales, “con lo que me queda me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”, afirma el mandatario. Se desplaza en un Volkswagen de 1987 o elChevrolet Corsa de su mujer. No usa corbata. No tiene celular. No tiene tarjeta de crédito. Y se le puede ver arando sus tierras con su tractor en la madrugada. En definitiva ostenta un título que pocos gobernantes envidian; el presidente más pobre del mundo. Se le recuerda en la cumbre de Rio+20 con su crítico discurso hacia el hiperconsumismo: “Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento se llama “felicidad humana””. “La gente le tiene un gran aprecio, pero están desorientados porque es un hombre que piensa en voz alta y la gente recibe mensajes contradictorio. Ha resultado ser el más apolítico de los políticos y responde a una necesidad creciente en el mundo”, explica el analista uruguayo Óscar Bottinelli.

En la pasada cumbre Celac-UE, celebrada en Chile, el presidente uruguayo declaró a la prensa que “este tipo de reuniones son irrelevantes, pero si usted es miembro de una cadena hotelera, una empresa de taxis o trabaja en el aeropuerto… verá que este tipo de cumbres le sirven bastante”. Confirmó que “el proyecto de despenalización de la marihuana está en el Parlamento y en marzo comenzamos la discusión de vuelta. Hay que educar a la gente para lograr el apoyo popular”. La apuesta de Mújica se reafirma contra el narcotráfico: “Toda adicción es mala, el objetivo es dominar e influir en la puerta de entrada a la drogadicción… le estamos regalando la población al narcotráfico, uno de cada tres presos del país lo está por delitos relacionados con las drogas y tenemos 9.500 reclusos para una población de 3,3 millones de habitantes. El narcotráfico envilece el mundo del delito con sus ajustes de cuentas, sus sobornos, sus amenazas… tiende a generalizar la violencia y la inseguridad, además usa las cárceles uruguayas como cuarteles de organización y comando a distancia. El proyecto volverá a ser tratado cuando se reabran las sesiones parlamentarias, quiero que haya una larga discusión y después se vote”, enfatiza Mújica.

En el caso de ser aprobado este proyecto de ley, Uruguay se convertiría en el primer país del mundo en desarrollar este tipo de proceso.

Adrián Domínguez. Fotógrafo freelance. Realiza encargos para editoriales (Condé Nast, GyJ, Spain-media, El Mundo…) y empresas (Respol YPF, Leroy Merlín, Ayto. Madrid…). Divulga su trabajo personal en exposiciones nacionales e internacionales.

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