EL RÍO PERDIDO

La historia de los indios nativos en Norte America ha sido muchas veces callada. La que ahora nos ocupa está marcada por el fin de uno de los grandes ríos norteamericanos, el Columbia River, en el estado de Oregón, represado en la mitad del siglo XX para generar electricidad. Cada año, los 4.000 indios que viven en la reserva de Warm Spring se reúnen para recordar aquellos tiempos donde el agua fluía libre, como la vida de su propio pueblo, y los niños podían ir con sus mayores a pescar salmones y cantar a la madre naturaleza. Hoy, la historia de estos pueblos nativos está irremediablemente degradada por la conquista del hombre blanco.

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FOTO ©  Marco Ansaloni

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Por Marco Ansaloni para GEA PHOTOWORDS
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El estado de Oregon, punto de exploraciones de los míticos Lewis y Clark, es el símbolo de la búsqueda de una tierra prometida. Miles y miles de caravanas que cruzaban tierras hostiles hacia los sueños generados por el lejano Oeste. Un país con una naturaleza pura, que aún hoy mantiene vivo sus perfumes y sus características salvajes. También aquí, como en muchos otros territorios, se cumplieron las voluntades de quienes llegaron últimos, apoderándose con papeles de algo que no era de nadie, sino de todos. Fue en 1855 cuando, tras alguna resistencia en forma de guerrilla, las tribus de nativos de los Wasco, los Paiute y los Warm Spring, firmaron la cesión de millones de hectáreas de tierra al Gobierno de EEUU.

Por esas tierras, durante milenios, habían vivido generaciones, basándose en una economía donde la pesca del salmón era fundamental. El Columbia River, el rio mas grande del área noroeste de EEUU, es una lengua de aguas potentes y ricas. Una fuente inagotable de sustentamiento para los que pisan sus orillas. El contrato firmado por los nativos significaba la renuncia a esas tierras al lado del Nichi Wana (nombre del rio Columbia). Las opciones eran claras. Seguir conviviendo con el rio con las reglas del hombre blanco o marcharse a un pedazo de tierra seca al interior, la reserva de Warm Spring.

Dicen los ancianos de la reserva que cerca de 150.000 nativos cohabitaban a lo largo del rio. Pocos años después el numero se redujo de forma considerable. Enfermedades, depresión y deportaciones fueron la cruda realidad a la que tuvieron que enfrentarse los supervivientes. Rehacer sus vidas dentro de un territorio nuevo, con pocos bosques y pocos ríos y, sobre todo, con la conciencia de haber perdido algo mas que el suelo donde vivir: el orgullo

 

LOS EMBALSES DE DALLES

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Tras un siglo de adaptacion a esas nuevas condiciones, la historia volvió a enseñar su cara mas amarga. La fuerza del rio Columbia era demasiado salvaje para el Gobierno americano. Aunque ideal para convertirla en electricidad. Y así fue. El 10 de marzo de 1957, el sonido del río fue silenciado. En pocas horas, el ecosistema que había persistido durante milenios, fue arrollado delante las miradas de los pocos nativos que aún quedaban alrededor de sus aguas. El río murió para siempre. Los embalses de Dalles habían cortado la potencia de la naturaleza y la vida del precioso salmón, dejando en su lugar una plácida cuenca, ideal para turistas y pescadores de fin de semana.

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FOTO ©  Marco Ansaloni

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Otra migracion empezó.  Nuevamente hacia la reserva. Y otra herida se había abierto en la memoria de este pueblo.

Los 4.000 nativos que hoy residen en la reserva de Warm Spring son parte de esa memoria y cada año se reunen en las celebraciones del Pow Wow. Durante 3 días, en medio de canto populares, danzas tradicionales y juegos, se intenta recuperar el espíritu que dejaron atrás sobre el río, Una reunión de donde mirar al pasado lejano, de cuando eran libres de elegir su futuro. Aunque la reserva está bajo control de las autoridades tribales, son evidentes las aportaciones muy estrictas de la política de emarginacion de EEUU. El índice de obesidad entre los nativos es uno de los mas altos de Norte América. El alcoholismo, antiguo enemigo de las tribus históricas, sigue su tarea de obnubilación mental. Además, el control sobre las actividades internas a la reserva por parte del Gobierno es muy presente. El Casino de Kah nee Taa, una fabrica de madera y una piscifactoría son las pocas actividades económicas de sustentamiento. La pesca con plataformas de madera está permitida solo a los nativos, eso sí, en puntos concretos del rió Deschutes y pocos afluentes más.

El museo sobre el glorioso pasado de estas tribus es el espejo desde donde muchos jóvenes intentan averiguar algo mas sobre quiénes fueron antes de la llegada de los europeos. Un testimonio sobre el vinculo profundo que unía a los hombres, el salmón y la naturaleza.

Aunque el espíritu de estas tribus haya pasado por etapas de sufrimiento colectivo, el orgullo sigue inquebrantable. Si, porque, como dicen los ancianos: «Si sabremos mantener vivas las sensaciones que el rió nos transmite; si sabremos escuchar su ruido y oler sus fragancias, llegará un día en que el salmón volverá a ser libre en el río, y entonces nosotros seremos libres otra vez»…

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Marco Ansaloni es fotógrafo y autor de textos en temas de Historia, Arqueología y Sociedad, con una mirada atenta al pasado para ver sus reflejos en la actualidad. Es colaborador, entre otros medios, de National Geographic, GEO, Gruppo Espresso, Focus, Clio Historia, Archaeology Magazine, Le Point. Visita su página web.
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