RD CONGO – VIOLENCIA SISTEMÁTICA Y CRÍSIS INSTITUCIONAL

por alfons rodríguez

Cartel concienciador contra la violencia sexual en Goma. RD. Congo.

FOTO    ©  ALFONS RODRÍGUEZ miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Álvaro Ramírez Calvo para GEA PHOTOWORDS


La alarma saltó el pasado 19 de agosto. Ese día, la ONG International Medical Corps publicaba en su sitio web una noticia denunciando violaciones masivas en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, al este de la República Democrática del Congo. Los hechos habrían sucedido varios días antes de que la población lograda alertar a los médicos de la organización. Cuando llegaron al lugar de los hechos, se encontraron con centenares de mujeres que requerían asistencia médica de urgencia a causa de las violaciones. En un primer momento, la organización dio cobertura sanitaria a unas 242. Según Rebecca Milner, vicepresidenta de International Medical Corps, su organización nunca había tenido que tratar a  tantas.

El lugar donde se produjeron las violaciones es un polvorín: el este de la República del Congo es una zona disputada entre el ejército congoleño, guerrilleros Maï Maï y rebeldes hutus del FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda). También limita con Uganda y Burundi, países que participaron en los enfrentamientos de los Grandes Lagos en los años noventa, y que dejaron centenares de miles de muertos y desplazados. Por ese motivo, la ONU planificó la  Misión de Estabilización de la ONU en la República Democrática del Congo, MONUSCO, que, con cerca de 20.000 efectivos y un presupuesto para el próximo año de más de 1.300 millones de dólares, es la mayor operación de paz del planeta.

Pero este esfuerzo económico y humano no ha dado resultados. Las aldeas donde ocurrieron las violaciones se encuentran a pocas decenas de kilómetros de un acuartelamiento de la MONUSCO. A medida que pasaron las semanas el hecho fue ocupando titulares cada vez más amplios en la prensa internacional, y la cifra definitiva de víctimas ascendió hasta rondar las 500 mujeres. Ante estas informaciones, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ordenó una investigación para descubrir dónde había fallado la labor de las fuerzas de pacificación. Un mes después del suceso, Atul Khare, subsecretario general de las Misiones de Paz de las Naciones Unidas, aseguró: “Nuestras acciones no fueron adecuadas y dieron como resultado una inaceptable y brutal agresión a la población de las aldeas de la zona. Debemos hacerlo mejor”.

El diplomático también aprovechó para sugerir la aplicación de sanciones “a los líderes del FDLR, si se demuestra la existencia de una cadena de mando”. Finalmente, Khare recalcó que “aunque la responsabilidad principal de la protección de los civiles es del Estado, su ejército y su policía, claramente nosotros también hemos fallado”. Sin salirse del mea culpa, el representante de Naciones Unidas no mencionó en su comparecencia la posibilidad de dimisiones.

Por su parte, la experta en violencia sexual de la ONU, Margot Wallström, alertó de que este caso muestra la fuerza que el abuso sexual sistemático tiene como estrategia en zonas de conflicto. Además, alegó la necesidad de “proteger mejor a los civiles en uno de los conflictos más complejos y volátiles del mundo”.

Sin embargo, el FDLR ha tratado de desmarcarse de estas acusaciones. Ya en agosto, antes de que Khare hiciera sus declaraciones, la organización negó cualquier participación en las violaciones. Incluso hay quien considera que dicho acto podría atribuirse a las propias fuerzas armadas congoleñas, que habrían asaltado las aldeas en una ofensiva contra los guerrilleros. Guy Momat, un periodista congoleño, asegura que las fuerzas de pacificación miran para otro lado ante hechos como estas violaciones masivas. Como en noviembre de 2008, cuando 150 civiles fueron asesinados en la provincia de Kiwanja, apenas a un par de kilómetros de un campamento de cascos azules. El cruce de acusaciones no ayuda a poner en claro lo que realmente sucedió en las dos provincias.

Como consecuencia de esto, la mayor víctima es la población civil. En un informe elaborado por International Rescue Committee, en el decenio 1998-2008 murieron unos 5,8 millones de personas a causa de la guerra. Es decir, el del Congo es el conflicto bélico con mayor mortalidad desde la Segunda Guerra Mundial. No sólo eso. También desde ese año, se han contabilizado 200.000 víctimas de violencia sexual. Activistas pro-derechos humanos, como Christine Schuler Deschryver, hablan de terrorismo sexual. Lo ocurrido a principios de agosto en Kivu Norte y Kivu Sur es, por desgracia, una gota más en este océano de dolor.

Las dificultades para descubrir lo que pasó son numerosas, y a todo esto hay que añadir el componente geopolítico. El motivo de que esta zona sea un “punto caliente” en África es claro: la RDC posee amplios yacimientos de metales valiosos como oro, cobre, zinc o coltán. Según distintos cálculos, el país africano albergaría en su subsuelo cerca del 80 por 100 del total de las reservas mundiales de este metal, imprescindible para la fabricación de aparatos de telefonía móvil. No es fácil encontrar cifras oficiales (y menos verídicas) sobre las cantidades de coltán que se extraen cada año. Pero se estima que a través de su contrabando los grupos armados de la zona se habrían podido embolsar más de 200 millones de dólares. Y es que en este país, cuando es oro todo lo que reduce, la frontera entre lo humanamente soportable desaparece. Sobre todo si eres mujer.

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita se encontraban en la zona en los días de las violaciones y cubrieron el tema para la cadena inglesa Channel 4. Puedes ver sus imágenes haciendo click aquí

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