SREBRENICA: GOLOSINAS PARA LOS NIÑOS

(c) Alfons Rodríguez | Gea Photowords.

Por ALFONS RODRÍGUEZ. Miembro de GEA PHOTOWORDS.

“Olvidar es un error. Es volver a cometer las mismas equivocaciones. Es necesario recordarlas para  evitar que se vuelvan a producir.

Los hechos de Srebrenica deben permanecer presentes pese al dolor que generan. Las banderas de todos los países deberían ser blancas y en su centro un escudo en el que se crucen la razón, el respeto y la libertad.”

Escribí esta frase rápidamente, sin pensar demasiado, debía ir escrita en un papel junto a los zapatos viejos que llevé desde Barcelona a Belgrado para conmemorar el 15º aniversario del Genocidio de Srebrenica, en Bosnia Herzegovina. Me llevó allí un encargo profesional y me trajo la ansiedad por empezar a contar lo que había visto.

Pero lo importante no fue el antes y el después, si no él durante. Unos días en los que he aprendido mucho sobre el ser humano. Fue como una lección y como un ejercicio físico en el que llevas tu cuerpo al límite para hacerlo más fuerte. He visto cosas tristes, crueles y demenciales, pero el capítulo de Srebrenica es impactante.

Me dijo Fahadumi, mientras asaba su cordero, “Politicians are bastards and the war is very stupid”, en un inglés muy malo y con una razón muy buena. Junto a su casa, las de sus hermanos, destrozadas por la metralla de hace 15 años. Fotos eróticas que cuelgan en una pared adolescente, que murió con los disparos serbios. Como el joven que las colgó.

El Sr. Zekir llora mientras me pide que, por favor, le haga fotos  a su hermano mientras lo depositan dos metros bajo tierra, para quedarse eternamente. Disparo a ráfagas hacia los rostros de unas madres y un tipo con pinta de suizo me dice que si no hay bastante ya, que deje descansar el motor de mi Nikon, por el amor de Dios. Me avergüenzo y me retiro con las orejas agachadas. “Esto es un puto circo mediático”, me digo a mi mismo en voz alta. Luego pienso: si, pero hay que contarlo. Si no lo contamos no ocurre…

Nura lucha como una jabata por salir adelante, perdió a dieciséis en la guerra.  Dieciséis seres queridos. Su rostro huele a dolor. Después me voy a Bratunak y unos putos fascistas ríen y gritan consignas nazis, como los del otro día en Belgrado: Que si Kosovo es Serbia, que si somos pacifistas, que si a nosotros también nos mataron seres queridos. Con la mano hacen el símbolo del águila y yo disparo mi cámara como si fuera un…mejor no decirlo.

Os contaré más pero ahora os dejo con una anécdota de Ratko Mladic, el tipo serbio que dirigió la masacre y que hoy campa a sus anchas por el mundo: a la entrada de sus tropas  en Srebrenica iba dando golosinas a los niños musulmanes. Después los mató como a cucarachas.

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